viernes, 16 de agosto de 2013

JACK VUELVE XXXVII ... Y VACACIONES!!!

   HOLA A TODOS!
   EN MEDIO DE ESTE CALOR QUE NO CESA OS TRAIGO UN NUEVO TROCITO DE "JACK VUELVE" Y ME DESPIDO HASTA DENTRO DE UN MES... SALVO QUE HAYA ALGO INTERESANTE QUE COMUNICAR, QUE ESPERO LO HABRÁ.
   QUE DISFRUTÉIS DE JACK Y DE LA PISCINA.... 
 
El pánico, mezclado con la terrible impresión sufrida, se apoderó de los tres espectadores que permanecían asomados a la puerta del jardín de los Thornton. Ninguno se atrevió a romper el silencio. Solo miraban los despojos humanos que salpicaban el césped a sus pies.
Sir Richard dirigía, de forma alternativa, su mirada del guiñapo sangriento que yacía delante de ellos al cuchillo que Lisa sostenía en sus manos. Tardó un par de segundos en darse cuenta de que la hoja del enorme cuchillo estaba limpia. Durante una fracción de segundo, un pensamiento descabellado había recorrido su aturdida mente.
            —Por el amor de Dios, Lisa, ¿qué está haciendo usted con eso en la mano?
            Ella miró el cuchillo con expresión desconcertada, como si lo viera por vez primera.
            —Yo… yo… vi una mancha en el suelo y me di cuenta de que es sangre. Como la puerta estaba abierta, pues…
            Sir Richard se recompuso un poco al percatarse de que tanto el ama de llaves como el mayordomo, que aún estaba inclinado intentando sacar de su estómago lo que ya no había, estaban desconcertados.
            —Perkins, envíe a alguien a visar a la policía —ante la mirada perdida del mayordomo, Sir Richard recuperó su habitual energía—. ¡Dese prisa, hay un cadáver destripado en el jardín!
            El mayordomo se dispuso a acatar la orden, y ya estaba en el quicio de la puerta de la cocina, cuando una idea se deslizó en su mente. Se giró, pálido como la luna llena.
            —Sir Richard…
            —¿Qué ocurre, Perkins? ¿Qué hace ahí parado en lugar de hacer lo que le he dicho?
            —Es solo un detalle, señor. Es por algo que ha dicho Lisa hace un momento.
            Sir Richard enarcó las cejas. ¿A qué se refería aquel hombre?
            —No le comprendo, Perkins, Explíquese mejor.
            —Bueno, es porque ella ha dicho que… que vio una mancha de sangre en el suelo, que la puerta del jardín estaba abierta, y que por ese motivo había tomado un cuchillo, para defenderse ¿no es así?
            Lisa asintió. No sabía dónde quería llegar el mayordomo. Siempre había sido un hombre más bien parco en palabras, pero ese no era el momento de andarse con acertijos.
            —Cogí el cuchillo sin pensar, la verdad. No tenía intención de utilizarlo, ni mucho menos. Como comprenderán, yo solo…
            Sir Richard vio con claridad lo que Perkins tenía en mente. Una sensación de vacío se apoderó de su estómago. Y no era hambre.
            —¡Dios mío, Perkins, tiene usted razón! La mancha está dentro de la cocina. Eso quiere decir una de estas dos cosas: o el crimen se cometió aquí mismo, o… o…
            Lisa se tapó la boca cuando cayó en la cuenta.
            —O el asesino ha entrado en la casa después de… ¡Oh, Señor! ¿Qué vamos a hacer ahora?
            La indecisión duró apenas un par de segundos. Sir Richard se abalanzó sobre la puerta, apartando a Perkins.
            —¡No se separen de mí! ¡Vamos!
            Los tres dirigieron sus pasos hacia la sala de lectura. Sir Richard abrió una vitrina y extrajo un objeto que hacía años que no usaba. Ni siquiera era consciente de que lo guardaba allí. Cuando Lisa y Perkins lo vieron con la enorme escopeta de caza en las manos, enmudecieron de la sorpresa. Sir Richard introdujo un par de cartuchos en la recámara y cerró de nuevo el arma con un chasquido. El eco resonó en el ambiente oscuro y pesado de la habitación.
            —Y ahora, vamos a despertar a la servidumbre, a los que permanezcan en la casa. Hemos de registrarla de arriba abajo. No ha de quedar un rincón sin que… —la expresión de alarma que adquirió su rostro inquietó a los otros—. ¡Faith! ¡Subamos a su habitación! ¡Ahora mismo!
            Sin pensarlo, echó a correr escaleras arriba, seguido por Lisa. Perkins se dispuso a despertar a Mathew, que dormía en un pequeño cuarto en la parte trasera de la casa. Tomó el atizador de la chimenea y, en lugar de subir por la escalera, siguió el pasillo hasta la parte posterior de la misma, donde se hallaban los dormitorios del servicio. Su corazón palpitaba con tal fuerza que pensó que cualquiera podía oírlo. Tomó aire y se internó entre las sombras.

lunes, 12 de agosto de 2013

JACK VUELVE XXXVI

   HOLA A TODOS
   EN UNAS SEMANAS,SI TODO A BIEN, HABREMUS SORPRESA, Y GORDA. MIENTRAS TANTO, ESTA SEMANA Y LA SIGUIENTE TENDREMOS RELATO COMO SIEMPRE EN EL BLOG, PERO LUEGO LE DARÉ UNAS VACACIONES HASTA MEDIADOS DE SEPTIEMBRE, Y YO APROVECHARÉ PARA TOMARME UN DESCANSO LITERARIO, QUE HAY QUE DESESTRESAR LA MENTE....
   OS DESEO BUENA SEMANA. AQUÍ TENÉIS A JACK


—Y dice usted —el inspector Higgs contemplaba, divertido, a aquella chocante mujer que había pasado literalmente por encima del agente Williams exigiendo hablar con él—, señora…

            —Tilton, inspector. Leonora Tilton.

—Sí, perdone. Dice usted que se dedica a leer el futuro, a elaborar cartas astrales y todo eso, ¿me equivoco?

            —De pleno a pleno —Leonora no se dio por aludida ni se mostró ofendida en ningún momento—. Soy médium, inspector. Supongo que alguien de su capacidad —el inspector enarcó las cejas. «Touché», pensó, captando cómo ella le había devuelto el golpe— sabe perfectamente a lo que se dedica alguien de mi profesión. Contacto con almas perdidas, espíritus, como suelen ustedes llamarlos. Yo prefiero decir que son el eco de personas que han muerto dejando alguna cuenta pendiente en este mundo. Puede que le cueste creerlo, pero hay personas que poseen una sensibilidad especial para captar ese otro plano de la realidad. Olvídese por un momento de su racionalidad a ultranza y escuche lo que voy a decirle. La vida de muchas personas, alguna de ellas importante, peligra en estos momentos.

            El inspector Higgs se sintió tentado de mandar a aquella mujer a hacer puñetas. «Señora, tengo cosas más interesantes que hacer a estas horas que escuchar relatos paranormales de boca de una mujercilla estrambótica. Si me perdona…». A punto estaba de soltar la retahíla con la mayor paciencia de que disponía cuando, sin esperar su respuesta, ella le atajo con una tranquilidad pasmosa.

            —Sé que están investigando sobre el terrible asesinato de esa muchacha. Sé que sospechan de la hija de Sir Richard Thornton. Sé que tienen un agente vigilándola de cerca. Y también sé que de nada servirá todo eso si no acuden esta misma noche a la casa de los Thornton.

            Higgs se quedó mudo. ¿Cómo podía saber ella datos que no habían sido revelados a la prensa?

            —Y dígame, señora Tilton ¿cómo sabe usted todo eso?

            —Me lo ha dicho él.

            —¿Él? ¿Quién es él? ¿Alguno de sus espíritus?

            —No bromee sobre lo que desconoce, inspector. Me lo ha dicho el propio asesino. Tiene una cuenta pendiente con Sir Richard. Por eso ha vuelto. Para tomarse la revancha.

            —¿Me está diciendo que conoce la identidad del asesino y que no ha acudido a la policía en estos meses?¿Es usted consciente de que eso la convierte en cómplice de asesinato, señora Tilton?

            Leonora esbozó una ligera sonrisa.

            —Dudo mucho, inspector Higgs, que incluso después de que le explique mi historia pueda usted acusarme de nada. Ni siquiera se toma en serio lo que le estoy diciendo…

            El inspector se puso en pie y cerró la puerta de su despacho. Quizás la adivina o lo que fuese sí tenía algo que aportar al esclarecimiento del caso. Volvió a ocupar su lugar frente a la mesa y abrió su bloc de notas.

            —Muy bien, señora Tilton, soy todo oídos. Empecemos por el principio, si le parece. ¿Cuál es el nombre del asesino?

            —Oh, pensé que ya lo habían supuesto por su forma de… actuar. El asesino es Jack. Jack el Destripador, quiero decir.

            El lápiz volvió a car sobre la mesa. La situación se estaba volviendo intolerable para el inspector Higgs.

            —Mire, señora Tilton, vamos a dejarnos de estupideces. Jack el Destripador murió, o desapareció, nadie lo sabe con certeza, hace más de veinte años. A estas alturas sería un anciano. Difícilmente podría ir por ahí asesinando a nadie, incluso en el caso de que siguiera con vida.

            —Inspector —terció ella—, no ha escuchado ni una palabra de todo lo que le he contado. Jack el Destripador murió, eso se lo puedo asegurar yo. ¿Ha olvidado mi profesión?

            Para Higgs todo aquello cobraba por momentos un aire de irrealidad que le estaba sacando de sus casillas.

            —¿Me está diciendo que el espíritu de Jack el Destripador anda por ahí de nuevo matando gente? No puedo creer que esté aquí sentado escuchando esto.

            —En realidad ha acertado usted bastante, inspector. Él es quien está detrás de todo esto, pero no es suya la mano que sostiene el cuchillo, sino que se vale de alguien vivo, claro está.

            —¿Por qué? ¿Por qué ha vuelto, según usted?

            —Para eso no necesito la videncia, inspector. Se lo puedo decir porque yo estaba presente aquella noche. Ha vuelto para vengarse.

            El giro de los acontecimientos era tan rápido que el inspector sintió que una especie  de vértigo le sacudía. El asunto estaba tomando un tinte inesperado. Y oscuro. Su instinto le gritaba que estaba a punto de averiguar algo que había traído de cabeza a la policía durante mucho, mucho tiempo.

—Vengarse… ¿de quién?

Algo terrorífico, espeluznante, parecía brotar de la garganta de Leonora Tilton cuando afirmó:

            —De Sir Richard Thornton, claro está.

viernes, 2 de agosto de 2013

JACK VUELVE XXXV

   HOLA, QUERIDOS LECTORES!!!!
   ESTA SEMANA OS TRAIGO EL PEDACITO DE JACK VUELVE Y EL ANUNCIO DE PRÓXIMAS Y SUCULENTAS NOTICIAS... QUE TENDRÁN QUE ESPERAR A LA VUELTA DE LAS VACACIONES, ME TEMO. EN BREVE EL BLOG Y YO NOS TOMAREMOS UN DESCANSO (NO MUY LARGO) VERANIEGO, PERO PROMETO QUE A LA VUELTA HABRÁ SORPRESA, Y DE LAS BUENAS. AÚN NO PUEDO HACER PÚBLICO NADA, HAY QUE ESPERAR UNAS SEMANILLAS.
   MIENTRAS TANTO, DIFRUTAD DEL VERANO, LA PISCINA, A PLAYA, ELTRABAJO...
   HASTA PRONTO



Sir Richard Thornton se encontraba repantingado en su sillón predilecto, fumando su pipa y leyendo el Times del día. Nada le proporcionaba más placer que tomarse un descanso a última hora del día, antes de irse a la cama, fumando y leyendo. Le hacía sentir una tranquilidad que sus ocupaciones diarias no le permitían. Cuando su esposa vivía solían charlar sobre cualquier cosa. Si el tiempo lo permitía salían a dar un paseo, dejando a la pequeña Faith en manos de Lisa, quien se encargaba de llevarla a la cama. Qué tiempos aquellos, pensaba mientras aspiraba el humo con delectación. Era una lástima no poder dar marcha atrás al reloj aunque solo fuese un ratito para volver a estar junto a su Mary, preguntarle qué tal había ido el día y escuchar, simplemente eso, mientras ella desgranaba la rutina del día con su voz alegre y despreocupada…

            El grito de Lisa le hizo dar un respingo en el sillón. El ama de llaves era una mujer severa y estricta, enemiga de cualquier tipo de algarabía. Dejó el periódico y posó la pipa sobre el velador que se hallaba junto al sillón y salió precipitadamente de la biblioteca, sin pensar que ni siquiera sabía de dónde había partido el grito. Tampoco tardó mucho en descubrirlo. Perkins, el mayordomo, pasó delante de él como una exhalación en dirección a la cocina.

            —¿Qué ocurre, Perkins?¿Qué es este alboroto a estas horas? —inquirió, pero el interpelado ni siquiera volvió la cabeza para responder.

            —Créame, señor, no tengo ni la más lejana idea. El grito parece que proviene de la cocina y la que ha gritado ha sido Lisa. Eso es todo.

            Cuando ambos llegaron al umbral de la puerta de la cocina, la silueta del ama de llaves se recortaba contra el perfil de la puerta del jardín abierta. Ella no se giró, absorta como estaba en lo que contemplaba, mirando al suelo. «Que me aspen», pensó Sir Richard, «pero esa mujer parece embobada, ni siquiera nos ha oído entrar en la cocina como una tromba».

            —Lisa, ¿qué…? —Perkins se quedó con la pregunta colgada en los labios cuando sus ojos encontraron la mancha en el suelo. Ya estaba tomando un color pardo oscuro a medida que se coagulaba.

            Lisa pareció volver a la realidad. Se volvió, blanca como el papel, y los miró como si se encontraran a millas de distancia, sin aparentar reconocerlos. Su vista volvió al suelo del exterior de la puerta y de nuevo hacia ellos, pero ninguna palabra salió de su garganta.

            Sir Richard y Perkins avanzaron unos pasos, indecisos por lo que iban a encontrar. La noche ya era cerrada, aunque la iluminación de la bombilla les proporcionaba una cierta seguridad, como si el hecho de estar bajo una luz supusiera algún tipo de protección.

            Fue Perkins el primero en llegar a la puerta. Lisa se apartó un poco y él se asomó. Se llevó la mano a la boca, que se había abierto de un modo involuntario. Dos segundos después, se inclinó y vomitó todo lo que tenía en el estómago. Le pareció que era incapaz de detener la vomitona, pero lo hizo cuando la voz de Sir Richard sonó a sus espaldas, menos firme que de costumbre.

            —¡Dios mío!¿Qué es esto?¡Que el Señor nos asista!

            Ninguno de los tres reconoció, en aquella masa sanguinolenta y destrozada que tenían delante, al desgraciado Percy de LaRue.

viernes, 26 de julio de 2013

JACK VUELVE XXXIV

   HOLA A TODOS
   AQUÍ ESTOY DE NUEVO, ANTES DE LAS VACACIONES QUE TAMBIÉN DARÉ AL BLOG DENTRO DE NAS SEMANAS. PARA LOS QUE NO ESTÁIS EN MI LISTA DE CORREO, OS CUENTO QUE QUEDÉ FINALISTA EN EL CONCURSO "LEYENDAS DE LÁCENOR", ORGANIZADO POR DLOREAN EDICIONES, PERO AL FINAL NO GANÉ EL CONCURSO... LÁSTIMA.
   SIN EMBARGO, OS RECOMIENDO NO PERDER DE VISTA EL BLOG, PRESIENTO QUE ALGO CHULO SE AVECINA, Y NO SOY MÉDIUM... JEJEJE
   FELIZ SEMANA A TODOS
 
Constance se había serenado un poco durante el relato de Alfred. Él le había contado la historia que justificaba su presencia cerca de Faith, y también se había sincerado acerca de los sentimientos que habían surgido entre ambos.
            —Sinceramente, Alfred —le interrumpió, mientras él seguía hilvanando su historia con la mirada baja—, yo diría que has escogido el peor de los caminos para llegar hasta Faith. Dudo mucho que ella se tome a bien la verdad sobre todo este asunto, porque se la vas a explicar ¿no es así?
            —Por supuesto —aseveró Alfred—. En realidad, no fue idea mía el vigilar a Faith de cerca. Fueron mis superiores los que pensaron que yo podría llevar a cabo esta investigación y de esta manera. Las cosas no han salido como estaba previsto, pero estoy absolutamente convencido de la inocencia de Faith.
            —¡Por supuesto que es inocente! ¿Quién podría suponer que una dama perteneciente a la nobleza británica es una asesina sangrienta y despiadada?
            —Te sorprendería saber lo que la gente es capaz de hacer, mi querida Constance. Y la clase social no tiene nada que ver en ello.
            —Créeme, hay maneras más sutiles de deshacerse del servicio doméstico, aún suponiendo que esa hubiera sido la intención de Faith, lo cual no era cierto. Ella estimaba muchísimo a Daisy, por encima de su relación señora-sirvienta. La consideraba algo así como su hermana menor. Para Faith, la experiencia fue tremendamente traumática. Entre eso y lo de la sesión de espiritismo, llegué a pensar que la perderíamos…
            Alfred no pudo reprimir la expresión de sorpresa que asomó a su rostro.
            —¿La sesión de espiritismo?¿De qué estás hablando? En el informe policial no habla nada de ninguna sesión de espiritismo. ¿Acaso Faith practicaba algún tipo de ritual o estaba relacionada con algún tipo de grupo… o secta? Eso es una información muy relevante, Constance. Ocultarla puede ser considerado como…
            —¡Oh, Alfred, por Dios!¡Deja ya de jugar a detectives! No tiene nada que ver con el asesinato de esa chica. Tan solo fue un juego entre jóvenes aburridos. Contratamos una médium y nos reunimos unos amigos para pasar una velada. Algo así como una aventura misteriosa. Faith no quería venir. Tuve que convencerla para que me acompañara e hiciera de carabina. Ni ella ni yo creemos en esas cosas. Yo únicamente pretendía buscar una oportunidad para acercarme a… a Percy. Ahora que lo pienso me doy cuenta de lo estúpida que he sido.
            La cabeza de Alfred giraba y giraba. Algo le decía que estaba a punto de recibir una información muy valiosa. Una información que había estado delante de sus narices todo ese tiempo y que, sin embargo, no había podido ver. ¿Por qué nadie había mencionado antes nada acerca de aquel suceso? ¿No habían estado todos allí presentes? Algo se le escapaba, tenía la sensación de que estaba a punto de atar el cabo suelto, pero…
            —Hay algo más ¿verdad? Tan solo fue un juego pero ahí no acaba todo. Eso es lo que estabas a punto de decirme.
            —No, bueno, sí. En realidad, ocurrió algo que nadie había previsto. Yo pensaba que se trataba de una estafadora, pero parece ser que la médium poseía verdaderos poderes. La situación se descontroló y nos quedamos allí encerrados durante apenas un minuto. Si no hubiera estado presente no lo hubiera creído, sin embargo…
            –Sin embargo ¿qué? Constance, lo que me estás diciendo puede ser la pista que nos falta en este caso ¿qué ocurrió en esa reunión?
            —Te juro que lo que voy a contarte es cierto, Alfred. No lo tomes a la ligera. En aquella habitación hubo alguien más, quiero decir una presencia, un espíritu o como quieras llamarlo. Fueron apenas unos segundos, pero yo también lo sentí. Las cosas empezaron a volar por los aires y al final hubo un terrible accidente. La médium… ella… resultó herida por uno de los objetos que salieron volando y murió. Allí, delante de nuestros ojos.
            —¿Murió? ¿Me estás diciendo que una persona murió y a ninguno se le ha ocurrido mencionar nada durante todos estos meses? ¿Estáis todos locos?
            Constance le miró con una mezcla de arrepentimiento y aversión por la ofensa.
            —No hemos mencionado nada porque aquello supuso una dura experiencia para todos. Especialmente para Faith.
            Alfred no daba crédito a lo que estaba escuchando.
            —¿Por qué, Constance? ¿Por qué para Faith? Te ruego que acabes con la historia de una vez.
            —Después de aquello, Faith permaneció enferma durante mucho tiempo. Ella estaba junto a Therese, la médium, cuando esta expiró su último aliento. Dijo algo horrible, premonitorio. Algo que impresionó a Faith sobremanera.
            Se detuvo unos momentos, como si su mente se negara a revivir la experiencia. Alfred pensó que no iba a seguir.
            —¡Adelante, no te detengas!
            Ella clavó sus ojos verdes en él. Su mirada era vidriosa, impersonal.
            —Dijo algo así como que “él” había vuelto. Faith refirió algo acerca de Jack, pero no le dimos importancia. En aquel momento estábamos tan alterados que cualquier cosa nos hubiera parecido normal.
            —¡Dios mío, Constance! Hemos de volver a la comisaría ahora mismo. Y  luego iremos a casa de Faith. Creo que ya sé lo que ocurre.

viernes, 19 de julio de 2013

JACK VUELVE XXXIII

   HOLA DE NUEVO
  ESTA SEMANA SOLO OS TRAIGO EL TROCITO DE "JACK..." Y DE CHIRIPA, LO ESCRIBÍ ANOCHE DEPRISA Y CORRIENDO. OJALÁ LA PRÓXIMA SEMANA OS PUEDA OFRECER ALGUNA BUENA NOTICIA CON UN POCO MENOS DE CALOR.
   HASTA PRONTO...



—Vengo a que me tomen declaración. Puedo aportar pistas en el caso del asesinato de la doncella de los Thornton.

            El agente de policía que hacía el turno de noche en el mostrador de entrada de la comisaria pestañeó varias veces. Estuvo tentado de pellizcarse para convencerse de que aquello que había oído era real. Dentro de sí, aunque jamás lo hubiera confesado ni bajo tortura, pensó que se había dormido y que estaba soñando.

La mujer, menuda y algo entrada en carnes, había aparecido en el umbral de la comisaría como por ensalmo. El agente Williams confesó a sus compañeros, a la salida del turno y en los vestuarios, que ni siquiera la había visto traspasar la puerta de entrada.

 —Para ser más exactos, no he visto que la puerta se abriera —dijo—, simplemente en un instante no había nadie allí y al momento estaba ella, bajita y desastrada, pero era como si no hubiera otra persona en toda la habitación. No podría explicarlo, pero ella sola llenaba todo el espacio con su presencia.

Sus compañeros rieron por lo bajo. Williams era conocido por su afición a las bebidas espirituosas, en las reuniones informales escanciaba copiosas cantidades de cerveza y vino. Nadie quiso mencionar nada, pero todos sospechaban que también se las apañaba para esconder la bebida en algún lugar durante las horas de servicio.

—¿Y tú que dijiste? —preguntó Jones, más por amabilidad que por interés en la respuesta.

Williams se detuvo pensativo un momento para recordar las palabras exactas.

La mujer se acercó con parsimonia hasta el mostrador, que casi superaba su estatura. Llevaba un moño pasado de moda en lo alto de la cabeza y se arropaba con un chal de lana que parecía tener más años que ella, y eso que ya pasaba de los sesenta con holgura. De algún modo se las apañó para asomarse por encima del borde del mostrador y clavar sus pequeños y profundos ojos negros en el perplejo agente.

—Necesito hablar con su superior, agente. Es de vital importancia.

—¿de qué desea usted exactamente hablar? Es por saber con quién he de ponerla al habla, señora…

—Tilton, señorita Leonora Tilton. Quiero hablar con el oficial al cargo del caso de la doncella de los Thornton.

El agente Williams pareció dubitativo. Aquella extraña mujer había dicho que poseía información importante que aportar al caso, pero había tanta gente extraña rondando por el mundo…

—Como comprenderá, señorita Tilton, nos llegan cada día un buen número de falsas alarmas, y no podemos distraer a los inspectores sin antes cerciorarnos de que la información es fehaciente. Creo que debería usted primero contarme qué es lo que sabe y cómo lo sabe, señorita. Si su afirmación es verdadera, podrá hablar con el inspector a cargo.

Ella le miró fijamente sin decir palabra. Pareció estar a punto de abrir la boca, pero se detuvo. Después, con una voz que no parecía pertenecer a su pequeño cuerpo, lentamente, habló.

—Mire, joven —prescindió del cargo—, creo que no me ha entendido. Necesito hablar con el inspector Higgs. Sé quién mató a esa chica, y si no me atienden ahora mismo van a morir más personas, muchas más. De modo que, si le parece, avise al inspector y dígale que estoy aquí. Yo personalmente le explicaré todos los detalles que precise.

Sorprendido, el agente Williams abrió la boca para contestar algo, pero no llegó a dejar salir ni una palabra. Fue Leonora quien habló de nuevo, con voz cortante y seria.

—Y dese prisa. Cada minuto que pasa puede significar una vida.

viernes, 12 de julio de 2013

JACK VUELVE XXXII... NOS ACERCAMOS AL FINAL

   HOLA A TODOS
 
   EN MEDIO DE ESTA OLA DE CALOR QUE SE NIEGA A MARCHARSE POR DONDE VINO AQUÍ ESTOY UN VIERNES MÁS, CON ESTA HISTORIA QUE SE VA A CONVERTIR EN MI NUEVA NOVELA CUANDO TERMINE DE ARREGLARLA (PARA EL OTOÑO, ESPERO) Y QUE YA SE ACERCA A SU FINAL.
 
   EN UNAS SEMANAS NOS DESPEDIREMOS DE ESTOS PERSONAJES QUE NOS HAN ACOMPAÑADO DURANTE TANTOS MESES. ME DARÁ UN POCO DE PENA, PERO ES HORA DE DEJAR PASO A NUEVAS HISTORIAS.
 
   ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO LEERLO TANTO COMO A MÍ ESCRIBIRLO.
 
   HASTA PRONTO
 
El grito retumbó a través del aire de las salas de la casa en medio del silencio nocturno. Lisa, el ama de llaves, estaba cerrando puertas y ventanas antes de irse a casa tras una larga jornada laboral cuando se dio cuenta de que la puerta trasera, la que daba al jardín, estaba abierta de par en par. «Qué extraño», se dijo a sí misma, «juraría haberla cerrado esta tarde después de que el mozo entrase la leña para la chimenea desde el cobertizo». Fue a la entrada principal a buscar el manojo de llaves, que ya había colgado, maldiciendo mentalmente a ese holgazán irresponsable de Mathew. Siempre tenía que estar detrás de él. Cuando entraba en casa para arreglar algo dejaba todo tirado por cualquier parte. Constantemente le tocaba a ella recoger los enseres que el muchacho dejaba o mandar a alguna doncella para que lo hiciera en su lugar.
            Volvió sobre sus pasos sin prender las luces, no le hacía falta. Conocía la casa mejor que la suya propia. No en vano llevaba trabajando allí desde que era casi una niña, recordó. Entonces Sir Richard era un joven apuesto y orgulloso y ella estaba enamorada de él como cualquier jovencilla en su momento. Tenía unos ojos azules preciosos. Una sombra planeó sobre el recuerdo de Lisa cuando pensó en que la muerte de la señora apagó ese precioso brillo celeste de aquellos preciosos ojos. «Todos acabamos en el mismo lugar», reflexionó, «los ricos y los pobres».
            Con suspiro lleno de filosofía eligió la llave oportuna del gran llavero y se dispuso a cerrar la puerta del jardín cuando resbaló y hubiera caído de no ser porque consiguió agarrarse en el último momento a la mesa que había en aquel cuarto que hacía las veces de despensa y cocina. En la casi oscuridad, distinguió una gran mancha en el suelo. Reponiéndose del sobresalto, se dirigió al interruptor de la luz y lo accionó.
            —¡Santo Dios! ¿Qué es esto?
            Una enorme mancha roja cubría una buena parte del suelo junto a la puerta que daba al jardín. Aparecía difuminada allí donde había resbalado. Sus pies habían dejado un rastro de huellas que llevaba hasta donde se hallaba de pie, confusa. Un rastro de pequeñas gotas partía de la mancha grande hacia el interior de la casa. Lisa tardó unos segundos hasta darse cuenta de lo que podía ser. Cuando las implicaciones del hallazgo comenzaron a hacerse evidentes, el miedo atenazó sus sentidos, impidiéndole hacer nada: las manchas de sangre, la puerta abierta, el reguero de gotas hacia el interior de la casa… una sensación helada recorrió su espalda. No supo si salir al jardín, temerosa de lo que pudiera encontrar, pero tampoco podía entrar en la casa, el rastro de sangre no presagiaba nada bueno. Pensó en dar la voz de alarma, pero por otro lado un fogonazo de serenidad le hizo reconsiderar ese primer impulso: quizás solo se trataba de algún animal, uno de los perros, de alguna manera estaba muerto y Mathew lo había arrastrado a la basura dejándolo todo perdido de sangre. Quizás había sacrificado una gallina para la comida del día siguiente y había ido a lavarse las manos, sin preocuparse de por dónde pasaba. Era lo suyo: mancharlo todo y no recoger nada.
            Lisa se convenció de que se había alarmado como una tonta sin pensar en la explicación más lógica. «Qué estúpida eres, querida. Te has puesto histérica por una nadería. Ahora ya sabes lo que te toca: a limpiarlo todo antes de marcharte».
            Una vez más pensó en darle un tirón de orejas a ese despreocupado cuando le viese al día siguiente. Suspiró y se dirigió a la puerta del jardín. Sin embargo, se detuvo un momento y abrió un cajón, aquel donde se guardaban los cuchillos. Cogió el más grande y observó el filo amenazador durante unos breves instantes.
            —No perjudica a nadie ser precavida, ¿verdad? —dijo en voz alta para darse ánimos mientras abría la puerta del jardín.

jueves, 4 de julio de 2013

JACK VUELVE... DERRETIDO POR EL CALO (ES DECIR, XXXI)

   BUENOS VIERNES

   ES UN DECIR, PORQUE ESTE CALOR ES INAGUANTABLE. DE MILAGRO OS PUEDO TRAER EL TROCITO SEMANAL DE "JACK VUELVE". NO PUEDE UNO PONERSE A ESCRIBIR A NINGUNA HORA, NI DE DÍA NI DE NOCHE.
 
   EN FIN, OS DEJO CON JACK. A PASARLO LO MEJOR POSIBLE.
 
Constance hubo de esperar unos instantes mientras su desbocado corazón volvía a su ritmo normal. Aún dudaba de su cordura. Sus ojos no la engañaban. Era Alfred.
            —Salí de casa a tomar una cerveza —mintió— y os vi a Percy y a ti en la calle, de pie, parados. Parecía… —hizo una breve pausa para dar la sensación de que lo que iba a decir le avergonzaba un poco— parecía que estabais discutiendo. Luego te vi marcharte sola y vine tras de ti. No es muy seguro que una joven camine sola por las calles de Londres una vez que se ha puesto el sol.
            Ella se quedó mirándole. Aquella historia rozaba lo absurdo y la actitud de Alfred no era la que correspondía con su carácter, tranquilo y afable. «Esta noche está resultando muy atípica», pensó Constance mientras escrutaba el rostro de Alfred. «Atípica y reveladora por partes iguales», los pensamientos le llegaban a ráfagas, como si de revelaciones se tratase. En una asociación extraña de ideas, se le vino a la mente la noche de la sesión de espiritismo, a la que había acudido solo por coincidir con Percy. Experimentó una peculiar sensación, como si ese recuerdo surgido de la nada significase algo importante, pero desechó la idea para centrarse en lo que tenía delante.
            Decidió que lo mejor era no andarse con rodeos y formuló la pregunta que pugnaba por asomar a sus labios.
            —Alfred, te voy a hacer una pregunta que quizás te pueda chocar, puede que incluso la juzgues impertinente, pero hay una cosa que necesito saber. Te ruego seas sincero conmigo si es que aprecias en algo mi amistad, aunque en una noche como esta ya todo se me antoja confuso e incierto. ¿Estabas en la comisaría hace un rato?
            Un ligero sobresalto asomó en la expresión de Alfred. Por un momento estuvo tentado de seguir con la pantomima, pero se dio cuenta de que su historia se había derrumbado en un segundo. Justo en el momento en que Percy le había visto. Bajó la vista antes de contestar.
            —En efecto, era yo el que estaba allí. Supongo que Percy te lo ha contado.
            —Así es. En menos de media hora he descubierto que dos de la personas que tenía por mis amigos no son lo que yo pensaba.
            —No me juzgues aún, Constance. No has oído mi historia. Hay muchas cosas que ignoras.
            —Es posible que no quiera sabes los detalles, Alfred —la indignación de Constance iba en aumento—. Puede que prefiera seguir siendo una mujer ignorante que puede ser tratada como un ser de inteligencia inferior, mientras los hombres pensáis que podéis utilizarnos a vuestro antojo, a vuestra conveniencia.
            —No se trata de eso —dijo él con voz calmada, haciendo un gesto conciliador con la mano—, deberías…
            —¡No me digas lo que debo o no debo hacer! —Constance dejó salir la furia acumulada en su interior— ¡Lo primero que has de hacer, Alfred o como te llames, es aprender a ir con la verdad por delante! Tu vida será más fácil y al menos las personas que te quieren lo harán por ti y no por la máscara que llevas puesta. ¿Quién eres de verdad?
            Alfred se tragó la humillación y, tras aclarar la voz, consiguió decir:
            —Si me dejas, te lo contaré. Te ruego que no me interrumpas. Mi verdadero nombre es Alfred, y no soy ni tan falso como crees ni tan mal intencionado. Todos tenemos mucho que aprender. Tú deberías aprender a no juzgar a la gente tan a la ligera y a escuchar lo que los demás tienen que decir, Constance. Las cosas no son ni de lejos como tú imaginas.
            Mientras Alfred relataba su historia, a tan solo tres manzanas de distancia, la sangre inundaba la casa y el jardín de los Thornton.

viernes, 28 de junio de 2013

JACK VUELVE XXX... CON UNA NUEVA DESILUSIÓN

   HOLA A TODOS
 
   YA TENÉIS LA NUEVA DIRECCIÓN DEL BLOG A VUESTRA DISPOSICIÓN:
 
 
   RECORDAD QUE LA ANTERIOR YA NO FUNCIONA!!!
 
   COMO HABÉIS LEIDO AL PRINCIPIO, HOY ME HE LLEVADO UNA NUEVA DESILUSIÓN. HA SALIDO LA SELECCIÓN PARA CALABAZAS EN EL TRASTERO: CREATURAS, Y TAMPOCO ESTABA YO. YA ES LA QUINTA VEZ QUE LO INTENTO SIN ÉXITO. NO SÉ SI PODRÉ SEGUIR CON ELLO MUCHO MÁS, LA VERDAD.
 
   EN FIN, APLANADOS POR EL CALOR COMO ESTAMOS, OS DEJO CON  JACK VUELVE. UN ABRAZO Y HASTA PRONTO.


Percy había registrado a conciencia el macizo de arbustos donde había observado movimiento, pero no había encontrado nada. Las plantas y las ramas de los árboles se agitaban a merced del viento produciendo un sonido susurrante que se le antojó inquietante por momentos.

            «Es normal que la vegetación se mueva, bobo», se dijo a sí mismo. Aún así, las sombras del jardín se le antojaron siniestras, como si le estuvieran vigilando.

—Te estás volviendo un poco paranoico, amigo —se dijo en voz alta con la esperanza de que el sonido de su propia voz le devolviera la tranquilidad—. Haz lo que has venido a hacer y márchate un rato al pub a tomar una cerveza. Con la luz del día los fantasmas huyen.

De modo que retornó al sendero principal y se dirigió hacia la puerta principal. Se sentía desasosegado y no podía explicar muy bien el motivo de su aflicción. Sentía que algo no marchaba bien. «Quizás todo es fruto de la desagradable situación con Constance» reflexionó. «No te va a aquedar más remedio que agachar las orejas y humillarte un poco si quieres arreglar las cosas con ella». Sí, eso es lo que iba a hacer. Al día siguiente haría una visita a Constance y le suplicaría que le escuchase, que solo había sido una aventura loca de un joven soltero, pero que era a ella a quien amaba y a quien quería como esposa y madre de sus hijos.

A punto estaba de subir la pequeña escalinata delantera cuando un portazo llamó su atención. Se trataba de la puerta lateral, la que usaba el servicio para abandonar la casa cuando su jornada diaria terminaba. «Es este maldito viento», refunfuñó para sí mismo. Hizo caso omiso y ascendió varios peldaños, cuando el estallido de un cristal hizo que le erizase el vello del cogote.

—Parece que los elementos no desean que llames a esta puerta, viejo —una vez más bajó la escalera y dirigió sus pasos hacia el lateral de la casa—. Ve a cerrar la maldita puerta a ver si ya puedes cumplir tu misión tranquilo. A este paso, saldrá el sol y no has podido dar tu recado —intentó hacer el chiste para sí mismo, pero no funcionó.

Nada más girar la esquina de la enorme casa, vio la puerta abierta, dando golpes por efecto del viento. Se acercó dispuesto a acabar de una vez con ese interminable rosario de interrupciones cuando vio una figura en el quicio de la puerta. Una figura humana.

Un segundo después no había nada. Percy pestañeó para cerciorase, pero la figura parecía haberse metido dentro de la casa de nuevo. O quizás no había sido más que una mala jugada causada por los juego de sombras de la noche.

Cuando llegó al lado de la puerta, comprobó por sí mismo que no había sido una alucinación. De las sombras salió un brazo con un enorme cuchillo en la mano y tras el brazo vino todo el cuerpo.

—Prefiero otro tipo de carne tierna, pero tú me servirás igual —la voz era gutural, desprovista de emoción.

Percy no pudo dar crédito a sus ojos. La pregunta que se alzó en su garganta fue segada al instante por el cuchillo. En su cuello se dibujó una delgada línea horizontal oscura que fue aumentando de tamaño a medida que la sangre se derramaba.

—No… puedes… —consiguió balbucir en medio del gorgoteo de sangre.

—Sí, claro que puedo —fue lo último que escuchó, mientras notaba un dolor lacerante a la altura del vientre. La mano que blandía el arma se movía con rapidez, mientras Percy notaba cómo la vista se le nublaba. Miró hacia abajo, solo para contemplar cómo sus intestinos se derramaban sobre el césped del jardín de los Thornton.

Medio minuto después, yacía muerto en el suelo. Su asesino se afanó durante un tiempo más en la tarea que tenía entre manos.

viernes, 21 de junio de 2013

¡¡¡ÚLTIMO AVISO!!! Y JACK VUELVE XXIX

   HOLA A TODOS
   OS RECUERDO QUE LA SEMANA QUE VIENE CAMBIARÉ LA DIRECCIÓN URL (NOMBRE DE LA WEB) DEL BLOG, YA OS DIRÉ CUÁL ES EL NUEVO PORQUE TENGO QUE PROBAR QUE EL QUE TENGO PENSADO NO ESTÉ OCUPADO.
   A PARTIR DEL 1 DE JULIO TENDRÉIS QUE TECLEAR OTRA DIRECCIÓN PARA ACCEDER AL BLOG. SUPONGO QUE PERDERÉ A ESAS PERSONAS QUE APARECEN COMO SEGUIDORES A LA DERECHA, PERO LOS QUE ESTÁIS EN MI LISTA DE CORREO NO TENÉIS DE QUÉ PREOCUPAROS, LA NUEVA DIRECCIÓN ESTARÁ ALLÍ.
   SIN MÁS OS DEJO CON "JACK VUELVE"
   HASTA PRONTO...
 
 

Constance no paró de llorar todo el trayecto hasta llegar a su casa. Las calles se desdibujaban en un mar de lágrimas que no cesaba.

            No podía creer que todo se hubiera desmoronado de esa manera, en cuestión de segundos. Todos los planes para el futuro, todas las molestias que se había tomado para llegar hasta Percy… Se había comportado como una estúpida malcriada. Ahora lo veía con claridad. Pero lo que nunca habría imaginado era que alguien con la posición económica y social de Percy pudiera caer tan bajo como para liarse con una… vulgar doncella. Su mente se negaba a aceptarlo. Sin embargo, la expresión de culpabilidad en el rostro de él no le había dejado lugar a dudas. «Todos los hombres son iguales», pensaba a medida que luchaba contra el viento y se esforzaba por arroparse, «promiscuos por naturaleza».

            Al volver la esquina de su calle, le pareció ver por el rabillo del ojo una sombra moverse unos metros por detrás de ella. El llanto se detuvo. Se giró, pero no vio nada anormal.

            —¡Hola! ¿Hay alguien ahí?

Nada. Aguardó unos instantes antes de proseguir su camino, pero una punzada de inquietud se le había agarrado al estómago. La calle se veía desierta. Quizás debería haberse tragado el orgullo por una última vez y haber permitido que Percy la acompañase a casa.

Un ruido la sobresaltó. Se detuvo y miró atrás de nuevo. El estrépito provenía de un callejón que acababa de dejar atrás. La inquietud se tornó en pánico. Había alguien allí. No estaba sola. Calculó que apenas le faltaba un centenar de metros para llegar a la puerta de su casa. Una vez traspasada la cancela, estaría a salvo.

—¡Oiga! ¿Necesita ayuda? —inquirió con voz temblorosa. Nada más decirlo, se sintió ridícula, pero su mente se negaba a elaborar algo más convincente.

La respuesta no llegó. Constance se armó de valor y  dio un paso hacia el callejón. No se atrevía a darle la espalda al sonido. «No tengo nada con qué defenderme», pensó.

En un esfuerzo titánico por recuperar el control de sí misma, respiró hondo y avanzó hacia el callejón. Se quitó un botín y lo enarboló. «Un buen golpe con un tacón en un ojo puede resultar muy convincente», se dijo a sí misma. Llegó a la entrada del callejón y se asomó por la esquina con cautela. No se veía demasiado, no estaba iluminado.

Por un momento cruzó por su mente la descabellada idea de entrar allí y cerciorarse de que nadie la acechaba, que todo lo estaba imaginando y se estaba sugestionando a sí misma, presa de un ridículo temor sin fundamento. Descartó la posibilidad, no se metería en aquella calleja maloliente por nada del mundo.

Intentó recomponerse y se calzó de nuevo, volviéndose en dirección a su casa, cuando un nuevo ruido le hizo saltar el corazón del pecho. Se volvió, imaginando que un sucio mendigo se le echaba encima, cuando vio que era un simple gato el que salía de las sombras con un pequeño ratoncillo en la boca.

Apoyada contra la pared, sin respiración, permaneció unos momentos maldiciendo  su propia debilidad. Todo aquel follón por un gato. A fin de cuentas, no era más que una mojigata, pensó con amargura. Si Faith hubiera estado allí ella no habría tenido miedo.

Faith. Ella sí que tenia las ideas claras y no le importaba enfrentarse a lo que hiciera falta para conseguir sus propósitos. En ese momento recordó el asunto de Alfred. Algo no olía bien en todo aquello. Constance no creía en la casualidad. Si Alfred era un agente de policía su presencia entre ellos no podía ser fortuita. Al día siguiente se acercaría para comentar con Faith lo que había averiguado. Ella sabría qué hacer.

Llegó hasta la puerta de su casa y sacó un llavín para abrir la cancela que daba acceso al patio. Un susurro de ropas se elevó tras de ella. Una mano la agarró del brazo. El grito salió de su garganta sin darle tiempo ni siquiera a pensarlo.

—¡No grites, Constance! ¿Soy yo!

—¡Alfred! ¿Qué estás haciendo tú aquí?

viernes, 14 de junio de 2013

JACK VUELVE XXVIII

   HOLA A TODOS...
   NO SÉ SI ES POR EL INSOPORTABLE CALOR QUE NOS AZOTA O HAY ALGÚN OTRO MOTIVO, PERO ESTA SEMANA HE PUESTO FALTA A LA MAYORÍA DE VOSOTROS AQUÍ EN EL BLOG. ESPERO QUE NO FALTÉIS PARA EL CAPÍTULO DE ESTA SEMANA, DONDE JACK SE PRESENTA FORMALMENTE... Y SE LLEVA A FAITH CON ÉL.
   QUE LO DISFRUTÉIS. HASTA PRONTO


«Hola, Faith ¿me echabas de menos?»

            Ni siquiera le había visto mover los labios. Faith pensó que quizás había sido a causa de la intensa penumbra que inundaba la habitación. A pesar de la luz que entraba por el gran ventanal procedente de los faroles de la calle, la atmósfera que rodeaba su cama poseía un tinte de irrealidad que la hacía sentirse mareada.

            «He de escapar como sea», pensó. Sopesó la posibilidad de gritar pidiendo auxilio, pero se dio cuenta de que si hiciera algo semejante estaría perdida antes de que alguien acudiera en su ayuda. Se retrepó en la cama, lista para saltar. Si era lo bastante rápida podría sortear la distancia que la separaba de la puerta y lanzarse escaleras abajo gritando. Esa sería su salvación.

            «¿No dices nada, querida? ¿Ni siquiera saludas a los viejos amigos?»

            —No sé quién es usted —espetó ella aparentando la mayor firmeza que pudo—. Lo único de lo que estoy segura es de que no es mi amigo. Me tengo por una persona que saber escoger a sus amistades con cierto tino.

            Una desagradable risa cortó el aire ya viciado de la estancia.

            «¿Tú crees? ¿No piensas que a veces las personas no son lo que parecen a simple vista? Mira tu amigo, ese tal Alfred. Yo diría que no es trigo limpio. ¿no piensas igual que yo?»

            La cabeza le daba vueltas a Faith. Él no parecía tener mucha prisa en acercarse a ella, se había detenido a medio camino entre el rincón donde inicialmente se encontraba y la cama de ella. Echó las sábanas y las mantas hacia atrás para liberar sus pies. Lo último que necesitaba era tropezar y caer en el momento crítico de dar el salto y salir corriendo.

            —Alfred es un amigo. ¿Acaso puedes decir algo de él? Detesto a las personas que lanzan acusaciones sin pruebas que las respalden. La maledicencia es un vicio altamente reprochable, señor.

            Él le dedicó una sonrisa que bien podía tenerse por afectuosa.

            «No me llames señor, querida. Ya tenemos la suficiente confianza como para que utilices mi nombre. Puedes llamarme Jack.»

            —No tengo por costumbre tomar ninguna confianza con personas que invaden mi vida y mis habitaciones de un modo furtivo —dijo Faith en un intento de prolongar la conversación para que él se confiara—. La gente que trato acostumbra a llamar a la puerta y vienen de día, caballero.

            Jack hizo un mohín de desaprobación.

            «Vamos, querida, no podría llamar a la puerta aunque quisiera. Mis circunstancias no me lo permiten. Hazte cargo»

            —Además, añadiré algo más. No le conozco de nada, así que le ruego que no vuelva a presentarse ante mí ni en mi casa ni en ningún lugar. Y si tiene algo que decir en contra de Alfred dígalo y demuéstrelo, o de lo contrario…

            «¿De lo contrario qué? ¿Vas a llamar a la policía, a tu querido padre? ¿Cómo explicarás que hay un hombre en tu habitación en plena noche, querida? ¿Qué sería de tu honra y del nombre de tu famil…»

            Sin pensarlo dos veces, Faith saltó de la cama y corrió como una exhalación hacia la puerta. En una fracción de segundo sobrepasó a su interlocutor, y ya se diponía a asir el pomo de la puerta cuando una mano helado la agarró de la muñeca. Lo único que pudo pensar fue: «¿Cómo es posible? No estaba tan cerca como para alcanzarme»

            La presa sobre su muñeca aumentó su fuerza.

            «No seas chiquilla. ¿Dónde pensabas ir tú sola? Tengo una tarea para ti y para mí esta noche. Por eso vine a buscarte.»

            Una risotada se perdió como un eco en la oscuridad.

viernes, 7 de junio de 2013

JACK VUELVE XXVII

   BUENOS VIERNES A TODOS
   YA ESTAMOS AQUÍ DE NUEVO. POR POCO, PORQUE ESTE VIERNES A PUNTO HE ESTADO DE NO LLEGAR A TIEMPO A NUESTRA CITA POR MOTIVOS PERSONALES EXCEPCIONALES.
   PERO SI ALGUNO PENSABA QUE YA NO LLEGARÍA, SE EQUIVOCA. AQUÍ ESTOY, CON NUESTROS PERSONAJES A PUNTO DE LLEGAR A UN NUEDO QUE NO SÉ MUY BIEN CÓMO SE DESATARÁ.
   QUE LOS DISFRUTÉIS...


Percy estaba furioso. Furioso consigo mismo. Se había comportado como un estúpido, dejando que la conversación con Constance llegara hasta un punto que él  no había deseado. Y ahora no sabía cómo iba a hacer para arreglar su error. Lo de aquella chica no había tenido la más mínima importancia, eran simples devaneos de joven soltero, pero uno no podía esperar que una mujer comprendiera eso. Y menos si esa mujer era tu prometida.

            Apretando los dientes, se subió las solapas para protegerse del viento y siguió rumiando su desdicha mientras se dirigía hacia su casa. Al día siguiente iría a hablar con Connie para explicarle que la única mujer que realmente le importaba era ella, y que sus pequeñas aventuras habían sido anteriores al momento de conocerla, que nunca había quebrantado su fidelidad desde el día en que habían empezado a salir juntos. Sí, eso la convencería. Quizás podría obsequiarla con alguna joya. A las mujeres les encantan esas cosas. Eso es lo que haría. Siguió adelante con la certeza de que todo estaría arreglado para el día siguiente a esa misma hora.

            Percy estaba muy equivocado, pero en ese momento lo ignoraba.

            Entonces un pensamiento cruzó su mente como un relámpago y le hizo detenerse. Alfred. Estaba completamente seguro que era él a quien había visto en la comisaria. No acertaba a imaginar cómo rayos podía estar vestido de policía y discutiendo con aquel otro hombre a la vista de todo el mundo, pero lo cierto es que apenas una hora antes eso es lo que había ocurrido.

            Pensándolo con más detenimiento, Percy comenzó a unir unos fragmentos con otros y una imagen nítida se fue formando delante de su vista, clara como un cielo sin nubes. Es como si cada pedazo de la historia hubiera estado ahí todo el tiempo pero tan disperso que no había atado cabos. Sin embargo, esa noche todas las piezas habían caído juntas sobre la mesa a la vez, y ahora lo podía ver sin ningún género de duda: la muerte de Daisy, la aparición “casual” de Alfred, su uniforme…

            «Es curioso», pensó Percy mientras permanecía detenido en medio de la calle como un pasmarote rememorando su primer encuentro con su supuesto amigo aquella tarde en el club de campo, «su aparición fue demasiado casual. A veces los árboles no dejan ver el bosque, pero entonces… entonces Faith está siendo objeto de una investigación secreta y encima aquel… malnacido ¡la está utilizando!»

            ¡No podía creerlo! ¡Tenía que avisarla! Ella no se merecía que la tratasen de esa manera. Era una mujer formidable y desde luego incapaz de cometer ningún crimen. Percy miró su reloj. Aún no era demasiado tarde. Tenía que contárselo todo a Faith antes de que se diera cuenta por sí misma y sufriese un daño aún mayor. Era mejor que si tenía que romper su noviazgo o romance o lo que fuese con aquel impostor lo hiciese ya mismo.

            A pesar del vendaval, aceleró el paso. No se hallaba muy lejos de la casa de Faith. Le explicaría a Sir Richard sus sospechas y el motivo de su visita y él comprendería. Aún siendo demasiado tarde para visitas, sus motivos suponían una justificación más que suficiente para tolerar su presencia a esas horas.

            En pocos minutos se detuvo frente a la cancela que daba paso a la finca. Cuando fue a tirar de la cadena que hacía sonar la campanilla, se dio cuentas de que la puerta estaba abierta. No lo pensó dos veces y entró. Menos de un centenar de metros del sendero que atravesaba los jardines le separaban de la puerta de la casa.

            Estaba a punto de hacer sonar el aldabón de la puerta principal cuando algo llamó su atención en un lateral de la casa. Le había parecido ver movimiento entre unos arbustos. Recordó la puerta de la cancela abierta y no pudo evitar sentir un escalofrío. Aún así, olvidó su cometido durante un momento y se dirigió hacia la zona donde había visto mover la maleza.