viernes, 28 de junio de 2013

JACK VUELVE XXX... CON UNA NUEVA DESILUSIÓN

   HOLA A TODOS
 
   YA TENÉIS LA NUEVA DIRECCIÓN DEL BLOG A VUESTRA DISPOSICIÓN:
 
 
   RECORDAD QUE LA ANTERIOR YA NO FUNCIONA!!!
 
   COMO HABÉIS LEIDO AL PRINCIPIO, HOY ME HE LLEVADO UNA NUEVA DESILUSIÓN. HA SALIDO LA SELECCIÓN PARA CALABAZAS EN EL TRASTERO: CREATURAS, Y TAMPOCO ESTABA YO. YA ES LA QUINTA VEZ QUE LO INTENTO SIN ÉXITO. NO SÉ SI PODRÉ SEGUIR CON ELLO MUCHO MÁS, LA VERDAD.
 
   EN FIN, APLANADOS POR EL CALOR COMO ESTAMOS, OS DEJO CON  JACK VUELVE. UN ABRAZO Y HASTA PRONTO.


Percy había registrado a conciencia el macizo de arbustos donde había observado movimiento, pero no había encontrado nada. Las plantas y las ramas de los árboles se agitaban a merced del viento produciendo un sonido susurrante que se le antojó inquietante por momentos.

            «Es normal que la vegetación se mueva, bobo», se dijo a sí mismo. Aún así, las sombras del jardín se le antojaron siniestras, como si le estuvieran vigilando.

—Te estás volviendo un poco paranoico, amigo —se dijo en voz alta con la esperanza de que el sonido de su propia voz le devolviera la tranquilidad—. Haz lo que has venido a hacer y márchate un rato al pub a tomar una cerveza. Con la luz del día los fantasmas huyen.

De modo que retornó al sendero principal y se dirigió hacia la puerta principal. Se sentía desasosegado y no podía explicar muy bien el motivo de su aflicción. Sentía que algo no marchaba bien. «Quizás todo es fruto de la desagradable situación con Constance» reflexionó. «No te va a aquedar más remedio que agachar las orejas y humillarte un poco si quieres arreglar las cosas con ella». Sí, eso es lo que iba a hacer. Al día siguiente haría una visita a Constance y le suplicaría que le escuchase, que solo había sido una aventura loca de un joven soltero, pero que era a ella a quien amaba y a quien quería como esposa y madre de sus hijos.

A punto estaba de subir la pequeña escalinata delantera cuando un portazo llamó su atención. Se trataba de la puerta lateral, la que usaba el servicio para abandonar la casa cuando su jornada diaria terminaba. «Es este maldito viento», refunfuñó para sí mismo. Hizo caso omiso y ascendió varios peldaños, cuando el estallido de un cristal hizo que le erizase el vello del cogote.

—Parece que los elementos no desean que llames a esta puerta, viejo —una vez más bajó la escalera y dirigió sus pasos hacia el lateral de la casa—. Ve a cerrar la maldita puerta a ver si ya puedes cumplir tu misión tranquilo. A este paso, saldrá el sol y no has podido dar tu recado —intentó hacer el chiste para sí mismo, pero no funcionó.

Nada más girar la esquina de la enorme casa, vio la puerta abierta, dando golpes por efecto del viento. Se acercó dispuesto a acabar de una vez con ese interminable rosario de interrupciones cuando vio una figura en el quicio de la puerta. Una figura humana.

Un segundo después no había nada. Percy pestañeó para cerciorase, pero la figura parecía haberse metido dentro de la casa de nuevo. O quizás no había sido más que una mala jugada causada por los juego de sombras de la noche.

Cuando llegó al lado de la puerta, comprobó por sí mismo que no había sido una alucinación. De las sombras salió un brazo con un enorme cuchillo en la mano y tras el brazo vino todo el cuerpo.

—Prefiero otro tipo de carne tierna, pero tú me servirás igual —la voz era gutural, desprovista de emoción.

Percy no pudo dar crédito a sus ojos. La pregunta que se alzó en su garganta fue segada al instante por el cuchillo. En su cuello se dibujó una delgada línea horizontal oscura que fue aumentando de tamaño a medida que la sangre se derramaba.

—No… puedes… —consiguió balbucir en medio del gorgoteo de sangre.

—Sí, claro que puedo —fue lo último que escuchó, mientras notaba un dolor lacerante a la altura del vientre. La mano que blandía el arma se movía con rapidez, mientras Percy notaba cómo la vista se le nublaba. Miró hacia abajo, solo para contemplar cómo sus intestinos se derramaban sobre el césped del jardín de los Thornton.

Medio minuto después, yacía muerto en el suelo. Su asesino se afanó durante un tiempo más en la tarea que tenía entre manos.

viernes, 21 de junio de 2013

¡¡¡ÚLTIMO AVISO!!! Y JACK VUELVE XXIX

   HOLA A TODOS
   OS RECUERDO QUE LA SEMANA QUE VIENE CAMBIARÉ LA DIRECCIÓN URL (NOMBRE DE LA WEB) DEL BLOG, YA OS DIRÉ CUÁL ES EL NUEVO PORQUE TENGO QUE PROBAR QUE EL QUE TENGO PENSADO NO ESTÉ OCUPADO.
   A PARTIR DEL 1 DE JULIO TENDRÉIS QUE TECLEAR OTRA DIRECCIÓN PARA ACCEDER AL BLOG. SUPONGO QUE PERDERÉ A ESAS PERSONAS QUE APARECEN COMO SEGUIDORES A LA DERECHA, PERO LOS QUE ESTÁIS EN MI LISTA DE CORREO NO TENÉIS DE QUÉ PREOCUPAROS, LA NUEVA DIRECCIÓN ESTARÁ ALLÍ.
   SIN MÁS OS DEJO CON "JACK VUELVE"
   HASTA PRONTO...
 
 

Constance no paró de llorar todo el trayecto hasta llegar a su casa. Las calles se desdibujaban en un mar de lágrimas que no cesaba.

            No podía creer que todo se hubiera desmoronado de esa manera, en cuestión de segundos. Todos los planes para el futuro, todas las molestias que se había tomado para llegar hasta Percy… Se había comportado como una estúpida malcriada. Ahora lo veía con claridad. Pero lo que nunca habría imaginado era que alguien con la posición económica y social de Percy pudiera caer tan bajo como para liarse con una… vulgar doncella. Su mente se negaba a aceptarlo. Sin embargo, la expresión de culpabilidad en el rostro de él no le había dejado lugar a dudas. «Todos los hombres son iguales», pensaba a medida que luchaba contra el viento y se esforzaba por arroparse, «promiscuos por naturaleza».

            Al volver la esquina de su calle, le pareció ver por el rabillo del ojo una sombra moverse unos metros por detrás de ella. El llanto se detuvo. Se giró, pero no vio nada anormal.

            —¡Hola! ¿Hay alguien ahí?

Nada. Aguardó unos instantes antes de proseguir su camino, pero una punzada de inquietud se le había agarrado al estómago. La calle se veía desierta. Quizás debería haberse tragado el orgullo por una última vez y haber permitido que Percy la acompañase a casa.

Un ruido la sobresaltó. Se detuvo y miró atrás de nuevo. El estrépito provenía de un callejón que acababa de dejar atrás. La inquietud se tornó en pánico. Había alguien allí. No estaba sola. Calculó que apenas le faltaba un centenar de metros para llegar a la puerta de su casa. Una vez traspasada la cancela, estaría a salvo.

—¡Oiga! ¿Necesita ayuda? —inquirió con voz temblorosa. Nada más decirlo, se sintió ridícula, pero su mente se negaba a elaborar algo más convincente.

La respuesta no llegó. Constance se armó de valor y  dio un paso hacia el callejón. No se atrevía a darle la espalda al sonido. «No tengo nada con qué defenderme», pensó.

En un esfuerzo titánico por recuperar el control de sí misma, respiró hondo y avanzó hacia el callejón. Se quitó un botín y lo enarboló. «Un buen golpe con un tacón en un ojo puede resultar muy convincente», se dijo a sí misma. Llegó a la entrada del callejón y se asomó por la esquina con cautela. No se veía demasiado, no estaba iluminado.

Por un momento cruzó por su mente la descabellada idea de entrar allí y cerciorarse de que nadie la acechaba, que todo lo estaba imaginando y se estaba sugestionando a sí misma, presa de un ridículo temor sin fundamento. Descartó la posibilidad, no se metería en aquella calleja maloliente por nada del mundo.

Intentó recomponerse y se calzó de nuevo, volviéndose en dirección a su casa, cuando un nuevo ruido le hizo saltar el corazón del pecho. Se volvió, imaginando que un sucio mendigo se le echaba encima, cuando vio que era un simple gato el que salía de las sombras con un pequeño ratoncillo en la boca.

Apoyada contra la pared, sin respiración, permaneció unos momentos maldiciendo  su propia debilidad. Todo aquel follón por un gato. A fin de cuentas, no era más que una mojigata, pensó con amargura. Si Faith hubiera estado allí ella no habría tenido miedo.

Faith. Ella sí que tenia las ideas claras y no le importaba enfrentarse a lo que hiciera falta para conseguir sus propósitos. En ese momento recordó el asunto de Alfred. Algo no olía bien en todo aquello. Constance no creía en la casualidad. Si Alfred era un agente de policía su presencia entre ellos no podía ser fortuita. Al día siguiente se acercaría para comentar con Faith lo que había averiguado. Ella sabría qué hacer.

Llegó hasta la puerta de su casa y sacó un llavín para abrir la cancela que daba acceso al patio. Un susurro de ropas se elevó tras de ella. Una mano la agarró del brazo. El grito salió de su garganta sin darle tiempo ni siquiera a pensarlo.

—¡No grites, Constance! ¿Soy yo!

—¡Alfred! ¿Qué estás haciendo tú aquí?

viernes, 14 de junio de 2013

JACK VUELVE XXVIII

   HOLA A TODOS...
   NO SÉ SI ES POR EL INSOPORTABLE CALOR QUE NOS AZOTA O HAY ALGÚN OTRO MOTIVO, PERO ESTA SEMANA HE PUESTO FALTA A LA MAYORÍA DE VOSOTROS AQUÍ EN EL BLOG. ESPERO QUE NO FALTÉIS PARA EL CAPÍTULO DE ESTA SEMANA, DONDE JACK SE PRESENTA FORMALMENTE... Y SE LLEVA A FAITH CON ÉL.
   QUE LO DISFRUTÉIS. HASTA PRONTO


«Hola, Faith ¿me echabas de menos?»

            Ni siquiera le había visto mover los labios. Faith pensó que quizás había sido a causa de la intensa penumbra que inundaba la habitación. A pesar de la luz que entraba por el gran ventanal procedente de los faroles de la calle, la atmósfera que rodeaba su cama poseía un tinte de irrealidad que la hacía sentirse mareada.

            «He de escapar como sea», pensó. Sopesó la posibilidad de gritar pidiendo auxilio, pero se dio cuenta de que si hiciera algo semejante estaría perdida antes de que alguien acudiera en su ayuda. Se retrepó en la cama, lista para saltar. Si era lo bastante rápida podría sortear la distancia que la separaba de la puerta y lanzarse escaleras abajo gritando. Esa sería su salvación.

            «¿No dices nada, querida? ¿Ni siquiera saludas a los viejos amigos?»

            —No sé quién es usted —espetó ella aparentando la mayor firmeza que pudo—. Lo único de lo que estoy segura es de que no es mi amigo. Me tengo por una persona que saber escoger a sus amistades con cierto tino.

            Una desagradable risa cortó el aire ya viciado de la estancia.

            «¿Tú crees? ¿No piensas que a veces las personas no son lo que parecen a simple vista? Mira tu amigo, ese tal Alfred. Yo diría que no es trigo limpio. ¿no piensas igual que yo?»

            La cabeza le daba vueltas a Faith. Él no parecía tener mucha prisa en acercarse a ella, se había detenido a medio camino entre el rincón donde inicialmente se encontraba y la cama de ella. Echó las sábanas y las mantas hacia atrás para liberar sus pies. Lo último que necesitaba era tropezar y caer en el momento crítico de dar el salto y salir corriendo.

            —Alfred es un amigo. ¿Acaso puedes decir algo de él? Detesto a las personas que lanzan acusaciones sin pruebas que las respalden. La maledicencia es un vicio altamente reprochable, señor.

            Él le dedicó una sonrisa que bien podía tenerse por afectuosa.

            «No me llames señor, querida. Ya tenemos la suficiente confianza como para que utilices mi nombre. Puedes llamarme Jack.»

            —No tengo por costumbre tomar ninguna confianza con personas que invaden mi vida y mis habitaciones de un modo furtivo —dijo Faith en un intento de prolongar la conversación para que él se confiara—. La gente que trato acostumbra a llamar a la puerta y vienen de día, caballero.

            Jack hizo un mohín de desaprobación.

            «Vamos, querida, no podría llamar a la puerta aunque quisiera. Mis circunstancias no me lo permiten. Hazte cargo»

            —Además, añadiré algo más. No le conozco de nada, así que le ruego que no vuelva a presentarse ante mí ni en mi casa ni en ningún lugar. Y si tiene algo que decir en contra de Alfred dígalo y demuéstrelo, o de lo contrario…

            «¿De lo contrario qué? ¿Vas a llamar a la policía, a tu querido padre? ¿Cómo explicarás que hay un hombre en tu habitación en plena noche, querida? ¿Qué sería de tu honra y del nombre de tu famil…»

            Sin pensarlo dos veces, Faith saltó de la cama y corrió como una exhalación hacia la puerta. En una fracción de segundo sobrepasó a su interlocutor, y ya se diponía a asir el pomo de la puerta cuando una mano helado la agarró de la muñeca. Lo único que pudo pensar fue: «¿Cómo es posible? No estaba tan cerca como para alcanzarme»

            La presa sobre su muñeca aumentó su fuerza.

            «No seas chiquilla. ¿Dónde pensabas ir tú sola? Tengo una tarea para ti y para mí esta noche. Por eso vine a buscarte.»

            Una risotada se perdió como un eco en la oscuridad.

viernes, 7 de junio de 2013

JACK VUELVE XXVII

   BUENOS VIERNES A TODOS
   YA ESTAMOS AQUÍ DE NUEVO. POR POCO, PORQUE ESTE VIERNES A PUNTO HE ESTADO DE NO LLEGAR A TIEMPO A NUESTRA CITA POR MOTIVOS PERSONALES EXCEPCIONALES.
   PERO SI ALGUNO PENSABA QUE YA NO LLEGARÍA, SE EQUIVOCA. AQUÍ ESTOY, CON NUESTROS PERSONAJES A PUNTO DE LLEGAR A UN NUEDO QUE NO SÉ MUY BIEN CÓMO SE DESATARÁ.
   QUE LOS DISFRUTÉIS...


Percy estaba furioso. Furioso consigo mismo. Se había comportado como un estúpido, dejando que la conversación con Constance llegara hasta un punto que él  no había deseado. Y ahora no sabía cómo iba a hacer para arreglar su error. Lo de aquella chica no había tenido la más mínima importancia, eran simples devaneos de joven soltero, pero uno no podía esperar que una mujer comprendiera eso. Y menos si esa mujer era tu prometida.

            Apretando los dientes, se subió las solapas para protegerse del viento y siguió rumiando su desdicha mientras se dirigía hacia su casa. Al día siguiente iría a hablar con Connie para explicarle que la única mujer que realmente le importaba era ella, y que sus pequeñas aventuras habían sido anteriores al momento de conocerla, que nunca había quebrantado su fidelidad desde el día en que habían empezado a salir juntos. Sí, eso la convencería. Quizás podría obsequiarla con alguna joya. A las mujeres les encantan esas cosas. Eso es lo que haría. Siguió adelante con la certeza de que todo estaría arreglado para el día siguiente a esa misma hora.

            Percy estaba muy equivocado, pero en ese momento lo ignoraba.

            Entonces un pensamiento cruzó su mente como un relámpago y le hizo detenerse. Alfred. Estaba completamente seguro que era él a quien había visto en la comisaria. No acertaba a imaginar cómo rayos podía estar vestido de policía y discutiendo con aquel otro hombre a la vista de todo el mundo, pero lo cierto es que apenas una hora antes eso es lo que había ocurrido.

            Pensándolo con más detenimiento, Percy comenzó a unir unos fragmentos con otros y una imagen nítida se fue formando delante de su vista, clara como un cielo sin nubes. Es como si cada pedazo de la historia hubiera estado ahí todo el tiempo pero tan disperso que no había atado cabos. Sin embargo, esa noche todas las piezas habían caído juntas sobre la mesa a la vez, y ahora lo podía ver sin ningún género de duda: la muerte de Daisy, la aparición “casual” de Alfred, su uniforme…

            «Es curioso», pensó Percy mientras permanecía detenido en medio de la calle como un pasmarote rememorando su primer encuentro con su supuesto amigo aquella tarde en el club de campo, «su aparición fue demasiado casual. A veces los árboles no dejan ver el bosque, pero entonces… entonces Faith está siendo objeto de una investigación secreta y encima aquel… malnacido ¡la está utilizando!»

            ¡No podía creerlo! ¡Tenía que avisarla! Ella no se merecía que la tratasen de esa manera. Era una mujer formidable y desde luego incapaz de cometer ningún crimen. Percy miró su reloj. Aún no era demasiado tarde. Tenía que contárselo todo a Faith antes de que se diera cuenta por sí misma y sufriese un daño aún mayor. Era mejor que si tenía que romper su noviazgo o romance o lo que fuese con aquel impostor lo hiciese ya mismo.

            A pesar del vendaval, aceleró el paso. No se hallaba muy lejos de la casa de Faith. Le explicaría a Sir Richard sus sospechas y el motivo de su visita y él comprendería. Aún siendo demasiado tarde para visitas, sus motivos suponían una justificación más que suficiente para tolerar su presencia a esas horas.

            En pocos minutos se detuvo frente a la cancela que daba paso a la finca. Cuando fue a tirar de la cadena que hacía sonar la campanilla, se dio cuentas de que la puerta estaba abierta. No lo pensó dos veces y entró. Menos de un centenar de metros del sendero que atravesaba los jardines le separaban de la puerta de la casa.

            Estaba a punto de hacer sonar el aldabón de la puerta principal cuando algo llamó su atención en un lateral de la casa. Le había parecido ver movimiento entre unos arbustos. Recordó la puerta de la cancela abierta y no pudo evitar sentir un escalofrío. Aún así, olvidó su cometido durante un momento y se dirigió hacia la zona donde había visto mover la maleza.

viernes, 31 de mayo de 2013

JACK VUELVE XXVI Y ¡RECORDATORIO DE CAMBIOS EN EL BLOG!

   BUENOS VIERNES

   ANTES DE ENTRAR CON LO NUESTRO, OS RECUERDO QUE A PARTIR DEL MES DE JULIO LA DIRECCIÓN WEB DE ESTE BLOG CAMBIARÁ (YA OS DIRÉ LA NUEVA CUANDO SE ACERQUE LA FECHA) PARA ADAPTARLA AL CONTENIDO DEL MISMO.
 
   SIN MÁS NOVEDADES, OS DEJO CON "JACK VUELVE". EL PELIGRO ACECHA A NUESTROS PERSONAJES ESTASEMANA. ¿QUIÉN DE ELLOS CAERÁ BAJO LAS GARRAS DE LA OSCURIDAD?

   HASTA PRONTO


Un viento helado había llegado sin avisar y Constance se acurrucó bajo su chal. Las calles se quedaron desiertas en pocos minutos, mientras la pareja caminaba hacía la casa de Constance. Durante el tiempo que habían permanecido en comisaría, la noche se había cerrado y los faroles iluminaban solo las zonas cercanas a ellos, dejando a oscuras el resto.

            —¿Dices que viste a Alfred en comisaría? —Constance castañeteaba los dientes al hablar. Percy se quitó la chaqueta y le cubrió los hombros, a pesar de que él se quedó congelado en menos de un minuto— No entiendo qué podía estar haciendo allí.

            —Lo más curioso es que él también se sorprendió al verme a mí. Y además no iba de paisano ¿sabes? Llevaba uniforme de policía. Discutía con un superior dentro del despacho, tú no te diste cuenta porque estabas “ocupada” con ese sargento —el retintín con el que enfatizó la palabra “ocupada” hizo que Constance enarcara las cejas.

            —¿Te molesta que hable con el sargento Pileggi? Es un policía encantador, tan amable… le juzgué mal cuando le vi en casa de Faith.

            —¿Le conoces? No lo sabía.

            —Decir que le conozco es mucho decir. Nos cruzamos en casa de Faith hace unos meses. Fue bastante antipático en aquella oportunidad, la verdad.

            —¿Y qué hacía un sargento de policía en casa de un noble como Sir Richard?

            —¿No te lo había contado? Fue antes de que empezásemos a intimar… Bueno, pues aquella vez se presentó allí para interrogar a Faith sobre las circunstancias que rodearon al asesinato que ella presenció.

            —No sabía que Faith hubiera presenciado un asesinato —Percy se quedó estupefacto ante la revelación.

            —Oh, sí —Constance lo relataba como si estuviera explicando su última visita a la costurera para que arreglase un vestido—. Ocurrió en el mismo callejón donde tú y yo… ahora que lo pienso, es una coincidencia realmente extraña que Alfred estuviera vestido de policía y apareciera de repente y… —las piezas iban encajando en la mente de Constance.

            Había un detalle que había quedado prendido en el aire. Percy no podía quitárselo de la mente.

            —¿Y a quién mataron?

            —Fue un asunto horrible. El asesino se ensañó con aquella muchacha. Y Faith llegó justo a tiempo para encontrarse con… con… con aquella escena. Por si fuera poco, conocía a la víctima. Era una doncella suya. Se llamaba Daisy.

            Percy se quedó blanco como el papel. A pesar de la escasa iluminación, Constance se dio cuenta de eso y de la expresión que atravesó el semblante de él.

            —Eso he dicho. ¿La conocías?

            Él comenzó a tartamudear.

            —¿Conocerla? No… bueno, es decir…

            Más piezas fueron a parar a su lugar. El nudo se iba deshaciendo por momentos.

            —¡Percy! No me irás a decir que tú… quiero decir, que hubieras tenido algo con… —no hizo falta una respuesta, la verdad estaba escrita sobre aquel rostro contrito— ¡Oh, Dios mío! ¡No puedo creerlo! ¡Tú, con una vulgar sirvienta!

            —Escucha Constance, no es lo que estás pensando…

            —¿Por quién me has tomado? ¿En qué pensabas cuando aceptaste en matrimonio? ¿Creías que me resignaría a ser tu concubina, a callar y soportar todas tus felonías? —Constance comenzó a gritar, al tiempo que las lágrimas rodaban por su mejillas— ¡Qué estúpida he sido!

            —No digas eso, Connie. No es cierto. Yo te quiero y no pensaba…

            —¿Me quieres, dices? No eres más que sucio patán. ¡No quiero volver a saber nada más de ti! Volveré a casa sola. ¡No necesito que me acompañes! ¡Vuelve con tus fulanas!

            Cuando ella se giró para irse, Percy le agarró una muñeca.

            —Escucha, cariño, no puedes ir sola, es peligroso a estas horas para una muchacha andar por la calle.

            Constance miraba la muñeca por la que la tenía asida.

            —¡Suéltame, Percy! ¡Ahora mismo!

            —Escucha, Connie, cariño…

            Una sonora bofetada no le dejó terminar la frase. La mejilla comenzó a arderle de inmediato. La soltó.

            —No vuelvas a llamarme cariño. Ni ninguna otra cosa. No quiero volver a verte en mi vida —y se alejó a paso vivo, furiosa.

            Constance no sabía que sus últimas palabras iban a cumplirse al pie de la letra. Mientras avanzaba con los ojos anegados en lágrimas, no reparó en la sombra que la seguía furtivamente.

viernes, 24 de mayo de 2013

JACK VUELVE XXV (¡ATENCIÓN! REFORMAS EN EL BLOG)

   BUENOS VIERNES
   ADEMÁS DEL SEMPITERNO TROCITO DE "JACK..." ESTA SEMANA TENGO QUE DECIR UN PAR DE COSAS.
   LA PRIMERA, MIRAD POR FAVOR LA CABECERA DEL BLOG. UN UN MES VOY A CAMBIAR LA DIRECCIÓN URL DEL MISMO, DE MANERA QUE HABRÁ QUE BUSCARLO CON OTRA DIRECCIÓN WEB. CUANDO SE ACERQUE LA FECHA YA OS DIRÉ CUAL ES LA NUEVA. ESTE AVISO AFECTA ESPECIALMENTE A LAS PERSONAS QUE NO ESTÁN EN MI LISTA DE CORREO Y A LAS QUE TIENEN EL BLOG PEGADO A FAVORITOS EN SU DISPOSITIVO, YA SEA EL ORDENADOR, LA TABLET O EL MÓVIL
   LA SEGUNDA, DEBAJO DE LA ENTRADA DE HOY TENÉIS LA RESEÑA DE LA QUE OS HABLÉ HACE UNAS SEMANAS. ES CORTA, ECHADLE UN VISTAZO.
   YA OS DEJO CON JACK, QUE ESTA SEMANA VUELVE A HACER DE LAS SUYAS.
   HASTA PRONTO.
 
Mientras Percy y Constance terminaban de prestar declaración en la comisaría, Faith descansaba en su alcoba. Esa noche se había retirado pronto a dormir, no se sentía bien. Su padre le había dirigido una mirada velada por una sombra de preocupación y la había preguntado si estaba enferma para llamar al doctor. «No, no, no hay nada de qué preocuparse», había respondido ella con presteza «cosas de mujeres». Sir Richard parecía haber encontrado razonable la explicación y, tras besar a su hija en la frente y darle las buenas noches, se dirigió a la sala de lectura para reposar un buen rato frente a la chimenea leyendo unos de esos libros de historia que tanto gustaba de leer. Desde que Faith era una niña siempre había sido así, noche tras noche. Su padre era un hombre de ideas fijas, pensaba mientras ascendía las escaleras que conducían a la parte de arriba, donde se hallaban los dormitorios.
            Solo que no eran males de mujeres los que afectaban a Faith aquella noche. Llevaba todo el día desazonada. No le dolía nada en concreto ni se sentía mareada. Su malestar no tenía ninguna raíz fisiológica. Era algo tan sencillo y a la vez tan complicado como que desde que se levantase por la mañana le había perseguido la sensación de que algo turbio y amenazador flotaba en el ambiente. «Todo está en tu mente», se había repetido una y otra vez «no ocurre nada malo «se trata solo de la llegada del otoño y de la apatía que produce en las personas. Pero la inquietud persistía hora tras hora y cuando había llegado la hora de cenar no había podido probar bocado, tenía los nervios pellizcándole en el estómago.
            Apenas si había colocado la cabeza sobre la almohada cuando se quedó dormida. No era tarde aún, las calles bullían de actividad y mientras ella se rebullía incómoda en su lecho sus amigos aún no habían dejado la comisaria. De hecho, mientras Percy se quedaba boquiabierto ante la presencia de Alfred vestido de uniforme, las cortinas del cuarto de Faith empezaron a agitarse con una suave brisa otoñal que se había levantado.
            “Despierta, querida”
            Entre sueños, la voz resonó potente y áspera en la cabeza de Faith. No quería despertarse. Su inconsciente, a sabiendas de lo que le esperaba, se aferraba a la protectora comodidad del sopor.
            “Aquí estoy de nuevo. He vuelto. ¿Me echabas de menos?”
            Esta vez una sonora carajada acompañó a las palabras. La desagradable risa quedó prendida en el aire, como si el viento que entraba por la ventana se negase a soportar tan pesada carga.
            Faith sintió un soplo helado en la nuca. Eso la obligó a abrir los ojos, de mala gana. Aún soñolienta, se preguntó qué era lo que la había sacado de su reparador sueño. Contempló unos instantes el movimiento ondulante de las cortinas, aguzando el oído, pendiente de cualquier sonido. Ya se había convencido de que todo había sido una simple pesadilla cuando algo se movió entre la sombras, en la parte más alejada de la habitación. Era él.
            El hombre se acercó unos pasos hacia la cama y hacia Faith. Ella ahogó un grito de terror. Su corazón se disparó en su pecho.
—¿Cómo has…? —pero la pregunta no llegó a salir de sus labios. La ventana abierta.
A la luz de la luna, el rostro del hombre lucía un aspecto fantasmagórico. La cicatriz que cruzaba su rostro le confería un aspecto siniestro y Faith supo que estaba acorralada. Si quería salir de esta, tenía que ser más rápida y más lista que su contrincante. Respiró hondo e intentó tranquilizarse.

miércoles, 22 de mayo de 2013

RESEÑA DE "THE JAMMERS"


Esta es una reseña dirigida a lectores como tú. Sí, tú.

Si buscas aventuras, te gusta la ciencia ficción, las historias de  superhéroes que luchan con súper villanos, y además de vez en cuando echas de menos aquellas canciones tu juventud, no hay duda, The Jammers te encantará.

Estamos ante una novela cuyos protagonistas, un grupo de músicos alternativos, sufren un accidente, quizás más intencionado que fortuito, y consiguen unos poderes de naturaleza electromagnética que tendrán que usar para luchar contra Desdémona, la malvada de la historia. Todo ello en un ambiente de ciencia ficción (tan bien descrito que uno puede respirarlo) con numerosas referencias musicales directamente extraídas de los años 80 y en el más puro estilo de los cómics Marvel.

Escrita con una prosa ligera que hace fácil y digerible su lectura. A través de los capítulos iremos descubriendo el oscuro y enigmático pasado de los protagonistas (los buenos y los malos) mientras nos deleitamos con un mundo futurista del que quizás no estemos tan lejos.

El autor, Magnus Dagon, es un artista polifacético que no solo destaca en el terreno de la literatura, con varios libros editados en su haber, son también en otros campos como la música y el vídeoclip, a través de un grupo de nombre Balamb Garden.

En el siguiente enlace podrá leer online los capítulos de esta apasionante y entretenida novela, pero si realmente te gusta compra el libro, la continuidad de los que crean (creamos) historias va unida a la proyección de sus obras entre el público. ¡No te arrepentirás de unir este libro a tu biblioteca particular!

¡No permitas que la cultura se extinga!

Si tienes interés en leer gratuitamente los capítulos online o comprar el libro en papel, puedes hacerlo en la dirección

viernes, 17 de mayo de 2013

JACK VUELVE XXIV

   HOLA A TODOS
   DESPUÉS UNA SEMANA DE REPOSO LITERARIO (MÁS BIEN HE ESTADO PENDIENTE DE OTRAS OCUPACIONES, LA PELA ES LA PELA), AQUÍ OSTRAIGO UN POCO MÁS DE ESTA NOVELA CORTA (QUE YA LO ES) QUE SE PROLONGA UNA SEMANA TRAS OTRA.
   LA SEMANA PASADA LO DEJAMOS EN UN INESPERADO ENCUENTRO QUE DEJA AL DESCUBIERTO LA ESTRATEGIA DE ALFRED ¿QUÉ PASARÁ? NO TE QUEDES SIN SABERLO...
   OS DEJO CON ALFRED, PERCY Y EL RESTO.
   HASTA PRONTO
 
Constance charlaba animadamente con el sargento Pileggi. La noche le había sentado bien y si veinticuatro horas antes tenía el mismo aspecto que le hubiera pasado un huracán por encima, ahora se la veía resplandeciente y fresca. Percy había perdido el interés en la declaración. Estaba aburrido de repetir una y otra vez las mismas cosas. Ya había explicado lo ocurrido de tres o cuatro maneras distintas, y al final tampoco era gran cosa lo que había que explicar, según lo veía él. Un callejón oscuro, un mendigo borracho… pero aquel policía insistía en preguntarles por qué motivo habían entrado allí, qué les había dicho aquel vagabundo maloliente con palabras exactas, como si uno se pudiera acordar, cómo era posible que la sombrilla hubiera podido ir a parar allí…
Apartó el rostro para bostezar disimuladamente y se fijó en las mesas cercanas para luchar contra el tedio que le invadía. En ese momento una especia de algazara se produjo en un despacho situado no muy lejos de donde ellos se hallaban. Dentro de las paredes acristaladas del pequeño despacho había dos hombres discutiendo acaloradamente. Uno de ellos se encontraba de espaldas a Percy, y aunque este supo explicar por qué aquel tipo le resultaba familiar. El otro, que parecía el superior porque llevaba la voz cantante, estaba tan rojo que parecía que iba a reventar en cualquier momento.
El sujeto que estaba de espaldas gesticulaba con gran vehemencia ambos gritaban y las voces se oían desde fuera del despacho, pero Percy no podía entender lo que decían. En un momento dado, el que parecía el subordinado hizo un gesto extraño, como si arrojara algo al suelo y se giró con violencia para salir por la puerta del despacho como un vendaval. Solo que no llegó a salir. Sus ojos se cruzaron con los de Percy en una singular batalla entre el asombro y la estupefacción. Una O se dibujo en la boca de aquel hombre al mismo tiempo que lo hacía en la de Percy. No podía creerlo. Alfred. ¿Qué diantre estaría haciendo allí vestido de policía?
Percy se giró solo un breve instante para rozar el codo de Constance y llamar su atención sobre tan singular circunstancia, pero ella reía despreocupada ante una observación que había hecho el sargento.
—Constance, mira esto…
—¡Un momento Percy, estoy hablando con el sargento! Ahora mismo te hago caso, no es de buena educación interrumpir las conversaciones ajenas.
—Pero Constance, no te lo vas creer…
Ella se giró, airada.
—¿Se puede saber qué mosca te ha picado? ¿Qué es eso tan importante que no puede esperar a que termine de hablar con el sargento?
—No te vas a creer quién está aquí ahora mismo. ¡Y vestido de uniforme! ¡Mira!
Constance dirigió la vista hacia donde el dedo de Percy señalaba, agitado. Al momento se volvió, con expresión molesta.
—Ya he mirado. ¿Qué es eso tan extraordinario, si puede saberse? —su voz sonaba indignada, aunque trataba de contenerse.
Percy miró hacia el despacho. La puerta estaba abierta. Alfred había desparecido.

viernes, 10 de mayo de 2013

JACK VUELVE XXIII Y ¡¡DOBLE SELECCIÓN!!

   HOLA TODOS Y BUENOS VIERNES...
   ESTA SEMANA, APARTE DE NUESTRA HABITUAL CITA CON JACK, VENGO CARGADO DE BUENAS NOTICIAS.
   EN PRIMER LUGAR, AUNQUE LO PODEIS LEER DEBAJO DE ESTA ENTRADA, PUES HICE UN COMENTARIO ESPECIAL EL OTRO DÍA, ESTÁ LA SELECCIÓN DE UN CUENTO INFANTIL QUE ESCRIBÍ PARA UN LIBRO SOLIDARIO DE CUENTOS E ILUSTRACIONES CUYOS BENEFICIOS IRÁN A PARA A LA FUNDACIÓN LUIS OLIVARES, QUE TRABAJA FAVOR DE LAS FAMILIAS CON NIÑOS AFECTADO POR LA LEUCEMIA. TODO UN HONOR PARA MÍ Y UNA ALGERÍA EL PODER PARTICIPAR EN ALGO TAN ESPECIAL Y ÚNICO. CUANDO EL LIBRO SALGA (SE VENDERÁ A TRAVÉS DE AMAZON) YA OS AVISARÉ. NUNCA PIDO QUE COMPRÉIS LOS LIBROS DE LOS QUE HABLO, PERO EN ESTA OCASIÓN MERECE LA PENA. OS DEJO EL ENLACE PARA QUE PODAIS LEER ACERCA DE ESTA INICIATIVA Y DE LAS ACTIVIDADES DE LA FUNDACIÓN, SUS OBJETIVOS, ETC.
 
 
   EN SEGUNDO LUGAR, TAMBIÉN HAN SELECCIONADO OTRO RELATO MÍO PARA FORMAR PARTE DE UN LIBRO DE TEMÁTICA STEAMPUNK FANTÁSTICO. LO EDITARÁ UN COLECTIVO LLAMADO PLANES B, QUE SE DEDICAN A LA PROMOCIÓN DE AUTORES NOVELES DENTRO DEL TEMA MENCIONADO, EL STEAMPUNK. SE TRTATA EN ESTE CASO DE LIBROS QUE SE VENDEN A UN PRECIO MUY ECONÓMICO EN PAPEL Y SE PUEDEN DESCARGAR GRATIS DESDE LA PLATAFORMA BUBOK EN FORMATO PDF. TAMBIÉN OS AVISARÉ CUANDO ESTÉ LISTO. OS DEJO EL ENLACE PARA QUE PODÁIS LEER ACERCA DE TODO EL ASUNTO Y ADEMÁS SI QUERÉIS DESCARGAR LOS VOLÚMENES ANTERIORES ¡ES GRATIS!
 
 
   RESUMIENDO, ESTA SEMANA HA SIDO IRREPETIBLE, ASÍ QUE VOY A SABOREAR ESTA SENSACIÓN TODO LO QUE PUEDA, QUE LUEGO CUANDO VIENEN LOS MALOS TIEMPOS CUESTA TRABAJO NO PERDER EL NORTE.
 
   OS DEJO CON ALFRED, QUE ESTA SEMANA SE VA A LLEVAR UNA SORPRESILLA...
 
   TA PRONTO.
 
—Me cuesta creer que alguien con su perspicacia se dejase engañar con truco tan barato, Hedges. Me ha decepcionado usted, agente. Había recibido unas referencias inmejorables acerca de sus capacidades, pero ahora no lo veo tan claro.
            Ambos se hallaban en la comisaría, en el despacho del inspector Higgs. Se trataba de un pequeño cuarto acristalado con vistas a todas las mesas de la comisaría. El inspector ni siquiera se había molestado en bajar las persianas. Le estaba echando un buen rapapolvo a Alfred, y pretendía que sirviera de escarmiento y de advertencia para todos los demás. El mensaje estaba claro: «Aquí mando yo y que nadie se atreva a llevarme la contraria». Era la tarde siguiente al fiasco sufrido con el jardinero de Faith.
            La tarde siguiente a la terrible experiencia sufrida por Percy y Constance con aquel mendigo. 
            —No fue un engaño, inspector Higgs. Aquel hombre estaba sacando los restos de la poda del jardín, y la forma del saco era sospechosa. Es normal que me dejara guiar por las apariencias.
            El inspector Higgs estaba descargando la tensión que recibía por parte de sus superiores acerca de aquel caso que le traía de cabeza y que no avanzaba en ninguna dirección sobre el agente Alfred Hedges. Este aguantaba el temporal cabizbajo ante su superior. Se daba perfecta cuenta de que el inspector estaba aprovechando su desliz para ensañarse, pues estaba en contra de aquella investigación. El sargento Pileggi así se lo había confirmado.
            —No intente justificarse, Hedges. Cualquier agente del cuerpo se hubiera cerciorado antes de lanzarse a seguir una pista falsa. Ese modo de proceder es sumamente incauto y no le llevará a buen fin
            —Pero inspector, si me permite…
            —¡Por supuesto que no le permito! ¡Ni tampoco que intente justificar lo que no tiene justificación, agente! ¡No debí permitir que Pileggi me enredase con sus absurdas ideas! Esto es lo que ocurre por confiar en personas incompetentes. Lleva usted semanas ¡qué digo! ¡Meses! vigilando de cerca a esa mujer y no ha conseguido ni siquiera un mínimo avance ¿me equivoco?
            —Bueno, en realidad, he podido constatar que no hay nada sospechoso en ella. Se trata de una mujer con un fuerte carácter, pero yo no diría que en absoluto se trate de una asesina…
            El inspector se puso colorado hasta la raíz del pelo. Con solo mirarle, cualquiera hubiera jurado que estaba a punto de estallar. Literalmente, como un odre demasiado lleno.
            —Pero ¿usted se escucha? Parece un niño pequeño balbuceando tonterías. ¿Con qué parte del cuerpo piensa usted, agente? ¿Es que no se da cuenta de que babea por esa mujer? ¿Acaso le ha engatusado para desviar las sospechas de sí misma? Cualquier idiota se daría cuenta y no se dejaría atrapar en una trampa tan obvia.
            Alfred sintió que algo se había quebrado en su interior. El inspector acababa de traspasar la línea que marca el límite de lo tolerable. Una cosa era una reprimenda ante un error profesional, y él tampoco consideraba haberlo cometido, y otra muy diferente era la sarta de descalificaciones e injurias que estaba escuchando y que se iba recrudeciendo a medida que el inspector se iba calentando sin encontrar oposición. Si le permitía seguir por ese camino, antes de salir de aquel despacho estaría acabado como policía y humillado como persona hasta un punto insoportable. Era ahora o nunca.
            —Un momento, inspector. Con el debido respeto, creo que se está usted excediendo. Ni yo he cometido una falta a mi profesionalidad que justifique toda esta retahíla de acusaciones por su parte ni tampoco hay motivo para que usted levante calumnias sobre personas que no están delante para defenderse. Como buen policía que soy y como persona, le exijo que se disculpe por los insultos proferidos contra mi persona. No estamos hablando de capacidad policiaca, ya ha entrado usted en el terreno de lo personal.
            El inspector Higgs enmudeció ante la verborrea de Alfred. Solo durante unos segundos. Indignado ante aquella insubordinación descarada, dejó escapar toda su ira.
            —¡ME EXIGE!¡USTD ME EXIGE A MÍ! ¿Pero quién diantre se ha creído que es? ¡Usted no tiene autoridad ni moral ni profesional para exigirme nada, mequetrefe!¡Le abriré un expediente por insubordinación!¡Acabaré con su carrera dentro del cuerpo!
            Alfred sacó su placa del bolsillo de su chaqueta y la arrojó al suelo a los pies de Higgs.
            —No es necesario, inspector. Con personas de tan poca inteligencia como usted, estoy de sobra aquí. ¡Dimito ahora mismo! —y giró sobre sus talones dispuesto a salir de aquel despacho dando un buen portazo.
            Pero su mano se detuvo en el pomo de la puerta. Afuera, sentados frete a la mesa del sargento Pileggi, se encontraban Constance y Percy.
Percy le miraba fijamente con los ojos muy abiertos por la sorpresa.

miércoles, 8 de mayo de 2013

MENSAJEROS DE OZ Y SU PROYECTO

   HOLA A TODOS
   AUNQUE HOY NO TOCA PUBLICACIÓN SEMANAL, AQUÍ ESTAMOS PARA HACER UN ANUNCIO ESPECIAL: UNO DE MIS RELATOS, UN CUENTO INFANTIL EN ESTA OCASIÓN, HA SIDO SELECCIONADO PARA FORMAR PARTE DE UN LIBRO DE CUENTOS ILUSTRADOS PARA RECAUDAR FONDOS A FAVOR DE LA FUNDACIÓN LUIS OLIVARES. ESTA FUNDACIÓN EMPLEA LOS FONDOS PARA APOYAR A LAS FAMILIAS CON NIÑOS QUE PADECEN LEUCEMIA.
   COMO PODEIS IMAGINAR, LA ALEGRÍA EN ESTE CASO HA SIDO DOBLE. POR UN LADO LA SATISFACCIÓN DE VER MI CUENTO ELEGIDO ENTRE UN MONTÓN, Y POR OTRA LA ALEGRÍA DE PODER PARTICIPAR EN UN PROYECTO DE ESTAS CARACTERÍSTICAS.
   A LA DERECHA TENÉIS UNA IMAGEN DE MENSAJEROS DE OZ. PINCHAD ENCIMA Y ALLÍ PODREIS VER TODA LA INFORMACIÓN A CERCA DEL PROYECTO MENSAJEROS DE OZ Y DE LA FUNDACIÓN LUIS OLIVARES, LAS ACTIVIDADES QUE REALIZAN, ETC.
   ECHADLE UN OJO ¡MERECE LA PENA!
   HASTA PRONTO...

viernes, 3 de mayo de 2013

JACK VUELVE XXII Y UNA CURIOSIDAD

   HOLA, ESTIMADOS LECTORES!!!
   ESTA SEMANA LAS HISTORIA DE "JACK VUELVE" SE EMPIEZA A ENMARAÑAR (PROMETO MÁS LÍO EN LAS SIGUIENTES ENTREGAS, JEJEJE), LOS PERSONAJES VAN A COMENZAR A METERSE EN CAMISA DE ONCE VARAS Y LUEGO... A VER CÓMO SALEN DEL BRETE.
   ANTES DE DEJAROS CON FAITH Y EL RESTO, QUISIERA DECIROS QUE PRÓXIMAMENTE PUBLICARÉ AQUÍ EN EL BLOG UNA RESEÑA, ALGO QUE NO HABÍA HECHO NUNCA. SE TRATA DEL COMENTARIO DE UN LIBRO, Y LO HARÉ DENTRO DE UN CONCURSO DE RESEÑAS CUYO PLAZO SE AGOTA EL 31 DE MAYO. NO OS LO PERDÁIS...
   Y AHORA, AQUÍ OS QUEDÁIS CON UN EPISOCIO MÁS DE ESTA HISTORIA QUE CADA VEZ SE ACERCA MENOS A SU FINAL...
 
Alfred Hedges había vuelto sobre sus pasos tras despedirse de sus tres nuevas “amistades”. Por delante tenía otra noche de trabajo. A eso se había dedicado las últimas semanas: a la vigilancia nocturna. Apostado entre las sombras permanecía oculto mientras su mirada escrutadora no se apartaba de la entrada del jardín de los Thornton. La verdad es que no había habido mucho movimiento en las semanas que llevaba allí vigilando. Aparte de la servidumbre que se marchaba a su casa cuando terminaban su jornada, en aquella casa no se recibían visitas pasada cierta hora de la tarde ni tampoco había advertido ningún movimiento sospechoso ni nadie que anduviera merodeando por los alrededores.
Se subió las solapas de la chaqueta para protegerse del incipiente fresco otoñal. Atrás quedaba ya el calor veraniego y a Alfred se le antojaba que cuando el frío comenzase a arreciar sus noches se harían eternas y duras. Cambió el sombrero por una gorra para pasar desapercibido de miradas inoportunas y se la caló para ocultar su rostro de los viandantes que se iban haciendo más escasos a medida que la noche avanzaba.
 Se trataba de un cometido penoso y aburrido, pero se hacía necesario si quería probar que aquella mujer tenía algo que ver con el asesinato que había tenido lugar unas calles más abajo a principios del verano. La policía había perdido completamente todas las pistas y se encontraba en un punto muerto de la investigación. Pero él era un hombre de los que no se rinden a las primeras de cambio y se le había metido entre ceja y ceja resolver aquel misterio. Con el paso de las semanas, la insistencia del inspector Higgs sobre el caso en cuestión se había diluido. A fin de cuentas, se trataba del asesinato de una simple sirvienta, y no se había repetido con el tiempo.
Pero a Alfred le parecía que había algo en todo ello que le inquietaba, como el detalle de la desaparición del corazón y el hígado de la víctima. Higgs afirmaba que probablemente se trataba de un crimen pasional. Quizás la muchacha se había liado con alguien de clase social superior a ella, o quizás con un hombre casado, y cuando él se había aburrido de ella es posible que ella  le hubiera extorsionado o amenazado de algún modo y al final todo había acabado de la peor manera. «Si es así», había aseverado Higgs, «podemos despedirnos de encontrar al asesino».  Pero Alfred seguía en sus trece, a él no le parecía nada pasional semejante carnicería. A su modo de ver, detrás de aquel crimen se hallaba una personalidad profundamente psicopática, y si estaba en lo cierto el asesino volvería a las andadas tarde o temprano. Tampoco le encontraba sentido al hecho de que Faith estuviera presente en el escenario del crimen y hubiera salido indemne de semejante trance. ¿Por qué el asesino la había dejado con vida? Es más ¿por qué ella afirmaba no recordar nada de lo acontecido esa noche?
Las circunstancias le seguían pareciendo de lo más sospechosas, y si seguía en el caso era gracias al apoyo del sargento Pileggi, que compartía sus mismas inquietudes al respecto, pero la falta de evidencias le restaba cada día más posibilidades de seguir al pie del cañón. «No podemos permitirnos tener un agente apostado ahí de por vida» le había dicho Higgs con un mal humor que evidenciaba que estaba recibiendo presiones desde arriba para archivar el caso.
Para colmo de males, después de conocer a Faith de una manera más o menos cercana, si bien tampoco habían intimado en exceso, Alfred sentía que sus sospechas perdían peso cada día un poco más. No le parecía que ella se aproximase al perfil de un asesino sangriento y despiadado. A pesar de lo innegable de su fuerte personalidad y de su indomable carácter, Faith era una joven encantadora y una dama de indiscutible categoría, por más que se empeñase en comportarse como “una más”, según su propia definición. A Alfred le costaba creerlo, pero no podía negarse a sí mismo que ella le estaba empezando a gustar. «No solo como persona», pensaba mientras se arrebujaba en su chaqueta.
En aquel momento Bastian, el jardinero, salía por la puerta de la verja. Alfred sintió cómo sus músculos se tensaban. No por la presencia de aquel hombre, al que conocía de vista, sino por lo que llevaba en las manos. El instinto de sabueso de Alfred se espabiló de repente cuando vio que Bastian empujaba un carretón sobre el que reposaba un enorme saco. El saco era alargado y abultado, del tamaño exacto de… una persona. Cuando Bastian depositó los agarraderos en el suelo para cerrar la puerta de la verja, el fardo se bamboleó ligeramente hasta el borde, a punto de caer al suelo. El jardinero se apresuró a empujarlo de nuevo al centro de la carretilla y, mirando a ambos lados de la calle, comenzó a tirar del carro en dirección opuesta al lugar donde Alfred se hallaba. «Esto no puedo perdérmelo», pensó Alfred mientras se disponía a seguir a aquel hombre con esa carga tan sospechosa.

viernes, 26 de abril de 2013

JACK VUELVE XXI

   BUENOS VIERNES
   HOY LLEGAMOS AL CAPÍTULO XXI (COMO EL SIGLO) DE NUESTRO RELATO EN CURSO, "JACK VUELVE", QUE LLEVA CAMINO DE CONVERTIRSE EN UNA PEQUEÑA NOVELA CORTA. ES POSIBLE QUE LLEGUE A ELLO, NO ESTÁ DESCARTADO.
   A FALTA DE MEJORES (Y PEORES) NOTICIAS, OS LO DEJO AQUÍ. OJALÁ OS GUSTE.
   HASTA PRONTO
 
El sargento Pileggi, encargado de la investigación del caso desde el primer momento, les permitió posponer su declaración hasta el siguiente día a tenor de la avanzada hora de la noche. Percy había acompañado a Constance a su casa. Se la veía demacrada, despeinada y sucia después de los sucesos ocurridos en el callejón. Se phabía pasado casi todo el camino hasta la comisaría llorando e hipando, incapaz de articular ni una sola palabra, agarrada del brazo de Percy. Este intentaba consolarla dándole palmaditas en la mano y sosteniéndola, pues temía que sufriera un desvanecimiento.
            Cuando llegaron a comisaria en compañía del agente que los había salvado de aquel mendigo harapiento y borracho que les había hecho pasar tan mal trago, todas las cabezas se habían vuelto. El grupo no podía haber resultado más chocante: una agente de policía, un mendigo y una pareja de jóvenes con un atuendo y un porte propios de la alta sociedad  tan sucios y malolientes como el mendigo. Constance se había vuelto hacia él con una mirada que denotaba la humillación que sentía. Se apretó contra su brazo en busca de protección frente a todos aquellos ojos que la acusaban como si de una vulgar ratera se tratase. Por suerte para ellos, el sargento Pileggi estaba de guardia esa noche. Aunque Constance no le había caído bien cuando se conocieron en casa de Faith, el joven que la acompañaba no podía ser más amable. Todo un caballero de la cabeza a los pies.
            —Está bien, teniendo en cuenta la hora que es y el lamentable aspecto que tienen, no hay ningún problema —dijo, mirando de reojo a la llorosa Constance— en que se presenten mañana para que les tome declaración. Lo único que les ruego es que lo hagan por la tarde, más bien a última hora. Esta noche acabo el turno muy tarde y tengo intención de irme a casa  dormir un poco. Puesto que soy yo quien instruye el caso, prefiero que hablen directamente conmigo. Pueden marcharse si gustan, no veremos mañana.
            —Muchas gracias, sargento —replicó Percy, tocándose el ala del sombrero en un elegante y atento gesto—. Mañana sin falta nos tendrá aquí. Le agradecemos su consideración.
            Mientras acompañaba a Constance de nuevo a casa, Percy contemplaba las estrellas, que titilaban por encima de sus cabezas sobre el firmamento estival. A medida que pasaba el tiempo le iba pareciendo mentira todo lo acontecido. No se explicaba cómo habían podido llegar a verse envueltos en semejante situación. Le costaba asimilar que había sido él mismo quien había impulsado la “aventura”, más bien como una chiquillada, como un juego con Constance. Y lo más rocambolesco era la manera en que todo había terminado, con ellos en comisaría pasando aquella vergüenza tan impropia para alguien de su clase.
            Antes de despedirse frente a la cancela de su casa, Constance se volvió. Sus ojos brillaban a la luz de los faroles que iluminaban la calle. Percy no supo decir si era a causa de las lágrimas vertidas o era otra cosa lo que destellaba en los ojos de ella.
            —Oh, querido —farfulló Constance mientras se sonaba la nariz una vez más—, lo de esta noche ha sido terrible. No sé qué hubiera ocurrido si no hubieses estado allí para… para… para protegerme. Aquel hombre tan horrendo y hediondo… no puedo ni pensar…
            —No le des más vueltas, Connie —Percy la tomó por los hombros, sin atreverse a abrazarla en medio de una calle atestada de gente—. No ha ocurrido nada gracias a Dios. Si hubieras estado tú sola con seguridad no te hubieras adentrado en aquella calleja sucia y oscura. Lamento muchísimo lo ocurrido. No debí…
            Ella no le dejó terminar. Interrumpió sus palabras posando un dedo sobre su boca. El se sorprendió ante la intimidad del gesto, pero no lo rechazó. Le agradaba el giro que tomaba la situación.
            —Luego ha estado el bochorno que he pasado en comisaría, con ese sargento. Sé que me desprecia, lo vi en sus ojos cuando fue a interrogar a Faith a su casa. Nos detesta por ser ricos. Hay muchas personas como él. Y tú me sacaste de nuevo del apuro.
            —Querida, no debes prejuzgar a las personas solo por su condición social. El sargento Pileggi hace su trabajo, no puede permitir que estas cuestiones afecten a su investigación. No creo que él odie a todos los ricos. Simplemente es un policía. Todos son un poco secos. Y respecto a mí, yo no…
            —Déjame hablar un momento Percy. Tengo que decirte algo, y si no lo hago ahora quizás me arrepienta el resto de mi vida. Yo… yo… —vaciló unos momentos, como si fuera incapaz de encontrar las palabras adecuadas— yo te quiero, Percy. No quiero separarme nunca de ti. Espero que me aceptes como tu esposa. Me esforzaré por hacerte feliz.
            —¡Oh, vaya! Se supone que…
            Pero no puedo terminar la frase. Ella se alzó de puntillas sobre sus escarpines y le besó en los labios, mientras Percy se sentía arrollado por las circunstancias por segunda vez ese día, envuelto en una situación que, sin saber cómo, se le había escapado de las manos.