viernes, 22 de febrero de 2013

EL OTRO LADO (XIII Y FINAL) Y UN RETORNO ESPERADO

   BUENOS VIERNES
   AQUÍ OS DEJO EL ÚLTIMO (PERO NO MENOS EMOCIONANTE) PEDACITO DE ESTA HISTORIA QUE NOS HA TENIDO OCUPADOS DURANTE LOS ÚLTIMOS TRES MESES. ESPERO QUE HAYA SIDO DE VUESTRO AGRADO, SIEMPRE ES GENIAL RECIBIR OPINIONES. SI ALGUIEN PREFIERE HACERLO EN PRIVADO PODÉIS DIRIGIROS AL CORREO KIKOINES@GMAIL.COM.
   NO DUDÉIS EN EXPRESAR VUESTRO PUNTO DE VISTA, POSITIVO O NEGATIVO. SIEMPRE SERÁ BIENVENIDO.
   Y, HABLANDO DE TODO UN POCO, LA PRÓXIMA SEMANA TENDREMOS EL REGRESO DE ALGUIEN QUE SE HIZO MUY QUERIDO EN ESTE BLOG ALLÁ POR EL VERANO. VUELVE... "JACK VUELVE".
   HASTA PRONTO
 
En la cabeza de Laura, las preguntas se arremolinaban. Había deseado tanto poder hallar las respuestas que no sabía por dónde empezar. Lo hizo por la más obvia, si bien intuía la respuesta:
            —¿Quién eres?
            Una risa sonó, clara y melodiosa, en el pensamiento de Laura.
            De sobra lo sabes, querida. No te atreves a aceptarlo, pero muy dentro de ti sabes que es cierto.
            En aquel momento, lo que para Laura hubiera sido un síntoma inequívoco de demencia para ella resultó lo más natural del mundo: estaba allí, de pie, hablando con un fantasma o espectro o lo que fuese aquella aparición. Curiosamente, no le resultó duro aceptar que aquella mujer se encontraba allí en el espejo de su habitación. Pasada la primera impresión, ni siquiera sintió miedo. La necesidad de satisfacer sus dudas, de obtener respuestas que cerrasen todos sus interrogantes, pudo más.
            —Sé que eres Lucrecia Borgia. Lo que quiero saber es por qué. Qué haces aquí. Quiero saber el motivo de que me hayas elegido a mí. Porqué estás al otro lado del espejo. Por qué tengo tu anillo.
            En realidad, todas las respuestas se resumen en una sola: lo llevas en la sangre.
            —¿Qué quieres decir con que lo llevo en…? —una luz se prendió en la mente de Laura. La realidad la golpeó de un modo físico, doloroso. Las lágrimas pugnaban por arrojarse fuera de sus párpados— Eres mi… mi… mi antepasada.
            Una risa con un tinte malvado escapó de los labios de Lucrecia, que echó la cabeza atrás. La ironía asomó a su voz cuando se dirigió a Laura de nuevo.
            Exacto. Y te he elegido a ti por un motivo muy especial. A lo largo de las generaciones, diversas mujeres de mi sangre han llevado a cabo una labor muy importante para mí: acabar con la estirpe de mi primer marido, Giovanni Sforza. Él organizó la muerte de mi padre y de mi hermano, tras sentirse agraviado porque ellos promovieron la nulidad de nuestro matrimonio, pues él era impotente. Él fue quien hizo correr el rumor de mis relaciones incestuosas.
            —Pero… —la voz de Laura era apenas un murmullo tembloroso— tú fuiste una asesina. Soy la descendiente de una asesina —Laura miró su extraño anillo tubular. Ahora ya sabía cómo había llegado hasta ella, sabía por qué su madre se lo había encomendado con tanto empeño. El anillo de Lucrecia Borgia. Donde guardaba el veneno para acabar con sus víctimas—. Y no solo eso. Además tuviste relaciones con tu padre y con tu hermano, montones de amantes además de tres maridos. Tu sangre fluye por mis venas, pero es una sangre sucia, manchada por el crimen y el incesto.
            El gesto de Lucrecia se volvió serio. Un destello de ira brilló en sus ojos.
            Tú sabes que la vida es más difícil para una mujer. Quizás en tu época las cosas han cambiado, pero cuando yo estaba viva las mujeres éramos simples instrumentos en manos de los hombres: primero de nuestros padres y hermanos, después de nuestros maridos e hijos. Nací en el seno de una familia poderosa, mi padre, Rodrigo, se convirtió en el Papa Alejandro VI. Mis matrimonios fueron concertados para ampliar el poder y la influencia de mi familia. Jamás nadie tuvo en cuenta mis sentimientos. Nunca me preguntaron si llegué a amar a mis maridos, para los cuales solo representaba la posibilidad de tener descendencia. El placer lo encontraban en la cama de otras mujeres. Tuve que aguantar esto, querida, esto y muchas cosas más. Mi supuesta relación con mi padre y con mi hermano fue inventada por los enemigos de mi familia para socavar el enorme poder que llegamos a acumular. Y en ese proceso me destruyeron. Mi vida, mi cordura, mi capacidad de amar y ser amada, ardieron hasta convertirse en cenizas. Y los odié. Los odio. Por todo el daño que me hicieron. Por el daño que a lo largo de los siglos han seguido haciéndonos. Han de morir, Laura. Es el precio que han de pagar —de nuevo su risa invadió la habitación de Laura, áspera y aguda—. Giovanni Sforza tenía un hijo anterior a nuestro matrimonio. Tu marido es el último descendiente vivo de él. Te he elegido a ti para acabar la tarea que yo empecé.
            —¡NO! ¡Yo no soy como tú! ¡No he envenenado a nadie! ¡Estás mintiendo!
            Lucrecia observó a Laura. Una sonrisa de triunfo brillaba en su rostro.
            Claro que sí, y tú lo sabes. Lo que ocurre es que tu mente lo ha apartado para evitar atormentarse, pero está todo ahí. Busca y encontrarás.
            Laura lloraba. No podía ser, no. Todo se lo estaba imaginado. Nada de eso estaba ocurriendo en realidad. Y sin embargo… retazos de recuerdos comenzaron a volver, inconexos al principio, cobrando sentido después. El café… una imagen de su anillo mientras ella retiraba el minúsculo tapón… el fino polvo cayendo en la bebida, amarga para disimular el sabor… Laura cayó de rodillas, derrotada. Todo este tiempo lo había sepultado en un rincón de su mente, pero efectivamente, allí estaba.
            ¿Ves, querida? Hay cosas contra las que es inútil luchar. Está en tu naturaleza.
            Laura se irguió, rebelándose contra la mujer del espejo.      
—¡Jon no morirá! ¡No te saldrás con la tuya, bruja! —arrojó un zapato contra el espejo, que estalló en un fina lluvia de cristales que inundó la alfombre de la habitación.
Sollozando, Laura se dirigió hacia el teléfono, dispuesta a llamar al hospital y a la policía. Cuando estaba a punto de descolgar el auricular, empezó a sonar, como si hubiera cobrado vida propia.
—¿Dígame?
—¿Laura? Soy el doctor Aguirre. Han surgido complicaciones. Es necesario que venga ahora mismo.
—¿Qué ocurre, doctor? —las alarmas se dispararon en el cerebro de Laura.
—Creo que es mejor que venga. Por teléfono no es adecuado…
—¡Déjese de tonterías y dígame qué pasa! Soy la mujer de Jon y tengo derecho a saberlo! —no pudo evitar el exabrupto, tenía los nervios a flor de piel.
—Yo… bueno… bien, como guste. Es urgente que se presente ahora mismo en el hospital. Su marido ha muerto.

viernes, 15 de febrero de 2013

EL OTRO LADO (XII Y PENÚLTIMA)

   HOLA A TODOS
   ESTA HA SIDO UNA SEMANA DE ALTIBAJOS, CON MÁS BAJOS QUE ALTOS, LA VERDAD. HA ESTADO LLENA DE CONCURSOS QUE HAN FALLADO, EN TODOS LOS SENTIDOS DE LA PALABRA. EN ALGUNO DE ELLOS TENÍA VERDADERAS ESPERANZAS DE SALIR, PERO HA RESULTADO QUE NO. ASÍ QUE TUVE UN BAJÓN BASTANTE PRONUNCIADO. PEEEEEERO...
   PARA REMATAR, POR FIN LLEGÓ EL LIBRO DEL EPIC. Y ES PRECIOSO. LA MAQUETACIÓN, LA CALIDAD FÍSICA DEL LIBRO, LA INCREÍBLE PORTADA. TODO, DE VERDAD. SI OS GUSTA LA FANTASÍA ÉPICA OS LO RECOMIENDO. POR SUPUESTO, ALGO MALO TENÍA QUE PASAR: SE EQUIVOCARON Y ME PUSIERON UN APELLIDO QUE NO ES EL MÍO. LES ESCRIBÍ Y ME PIDERON MIL PERDONES. COLGARON UNA NOTA EN FACEBOOK, TWITTER Y EN SU PÁGINA WEB PARA SUBSANARLO Y ME HAN ASEGURADO QUE EN LAS SIGUIENTES EDICIONES APARECERÁ CORRECTAMENTE. INCLUSO ME VAN A MANDAR UN LIBRO DE REGALO A MODO DE COMPENSACIÓN. PERO, APESAR DE TODO, EL LIBRO ES SENCILLAMENTE ESTUPENDO. MUCHO.
   Y AHORA OS DEJO CON EL PENÚLTIMO CAPÍTULO DE "EL OTRO LADO"
   QUE LO DISFRUTÉIS. HASTA PRONTO.
 
Frente al espejo, se preparó para lo peor. Ignoraba cómo hacer para invocarla, pero confió en que sería capaz. Laura se sentía incapaz de imaginar cómo era posible que hubiera visto a aquella mujer en el espejo. Su mente barajaba todo tipo de hipótesis, desde un encantamiento hasta su propia imaginación, jugándole una mala pasada a causa de algún tipo de autosugestión. Había oído o leído que la mente es muy poderosa cuando el convencimiento es absoluto. Algunos lo llaman fe, otros simplemente lo atribuyen a la ciencia. Sin embargo, allí se encontraba ella, en su propia casa, a punto de realizar algo parecido a un hechizo o lo que fuera para reclamar la presencia del espíritu de una mujer que llevaba cientos de años muerta.
            Se preguntaba por qué ella, qué era lo que había motivado su presencia allí. Quizás el espejo le perteneció en vida, y de alguna extraña y rocambolesca manera había llegado a su poder a través de los siglos. Sacudió todos esos funestos pensamientos de su cabeza y se plantó delante del espejo, ligeramente indecisa.
            —Si estás ahí, muéstrate —intentó que su voz sonara autoritaria, pero el resultado distaba mucho de sus pretensiones. Hasta ella misma percibió un lejano matiz de inseguridad, un tembloroso tono de temor.
            En el espejo nada cambió. Allí estaba su propia imagen, como de costumbre. Laura pensó que su aspecto se veía un poco demacrado. Una leve sombra oscura flotaba bajo sus ojos, si bien no le extrañó demasiado, los últimos días habían sido demoledores, y ello se revelaba en su expresión, de normal risueña, pero que ahora bien podía servir para asistir a un velatorio. También reparó en la acentuada delgadez de su silueta, y recordó que Jon le había advertido en más de una ocasión que se estaba obsesionando con el tema del peso. Deslizó una mano por su vientre, absolutamente liso, y mentalmente se hizo la promesa de que en adelante se cuidaría más por dentro y menos por fuera. Lo haría por sí misma, pero también por las personas que la rodeaban. Cuando uno se siente mal, la negatividad se transmite como las ondas térmicas.
            —¿Qué esperas para aparecer? No voy a quedarme aquí todo el día.
            Nada. Laura comenzó a dudar de la realidad de todo aquello. Quizás lo había imaginado, posiblemente la acumulación de las preocupaciones, el estrés, la enfermedad de Jon, todo empezaba a dejar secuelas en su persona.
            Pasados unos minutos se sintió ridícula por estar hablando a un espejo y se dio la vuelta para marcharse. «Me voy a volver loca si no acabo con esto», pensó. Cuando su mano tocó el pomo de la puerta, la voz sonó en su mente, profunda, rasgada.
            Hola, querida. Por fin has venido. Hacía tiempo que te esperaba.
            Laura se giró violentamente. Su corazón dio un vuelco. Había sentido físicamente la presencia de ella, era como si de verdad hubiera entrado en la habitación. La temperatura descendió bruscamente hasta que Laura pudo ver su propio aliento, una nube de vapor que se disolvía perezosamente en el aire helado del cuarto.
            —Tengo que hablar contigo. Has de explicarme muchas cosas.
            No es necesario que hables. Escucho tus pensamientos. Tengo la explicación que necesitas, pero es posible que no te guste. Adelante.
            Llegado el momento crucial, a Laura no le temblaron las piernas. Dio media vuelta y se encaró con su invitada.

viernes, 8 de febrero de 2013

EL OTRO LADO (XI)

   HOLA A TODOS!!
   UNDÉCIMA ENTREGA DE ESTA HISTORIA QUE YA SE ACERCA A SU FIN. SEMANA QUE HA TRANSCURRIDO SIN NOVEDADES EN EL FRENTE, AUNQUE SUPONGO QUE PRONTO LA IRÁ HABIENDO (SI BIEN ESO NO QUIERE DECIR QUE SEAN BUENAS, CLARO). DE MOMENTO OS DEJO CON OTRO EPISODIO EN EL QUE YA PODEMOS IR VISLUMBRANDO EL MEOLLO DEL ESPEJO DE LAURA.
   QUE LOS DISFRUTÉIS...
 
Según entró por la puerta de su casa, Laura arrojó su bolso, el abrigo y las llaves sobre el sofá y se fue directa al ordenador a conectarse a internet. Sentía un extraño hormigueo en el estómago, una desazón que no podía explicar. El policía había señalado el anillo y ella se había dado cuenta de que jamás se había preguntado por la procedencia de aquel singular objeto. Ella, que tanto apreciaba las antigüedades y que se consideraba una autentica estudiosa del arte de los siglos pasados, nunca había hecho nada por indagar acerca de su procedencia. Probablemente, el anillo le ayudaría a descubrir muchos aspectos familiares en los que su mente jamás se había posado.
            Si que recordaba el día en que su madre se lo había dado. Había aprovechado un momento en el que se encontraban a solas y, con un cierto aire de misterio, la había hecho sentarse en la cocina. En aquella cocina que siempre olía a pan reciente. Con un tono de voz que a la Laura niña le pareció de lo más intrigante, le había dicho:
            —Tesoro, voy a entregarte algo que ha permanecido en nuestra familia durante muchas generaciones. Ha ido pasando de madres a hijas durante siglos. Es importante que lo recuerdes, nena. No debes perderlo jamás, y cuando llegue el momento harás lo mismo que ahora estoy haciendo yo: cederlo a tu hija, proseguir con la tradición una vez más. ¿Me has entendido bien, cariño?
            Había asentido con su carita muy seria, aunque no veía tan importante el hecho de conservar un anillo que ni siquiera brillaba. Sin embargo, cuando vio el rostro serio de su madre, algo en su interior despertó y se prometió a sí misma cumplir el encargo que había recibido. Lo haría por su madre. Intentó probarse el anillo, pero le quedaba grande. Su madre tomó las manos de Laura entre las suyas, sonriendo.
            —Aún eres muy joven para comprender, corazón mío. Pero llegará el día. Recuerda que el anillo está unido a nuestra familia y a nuestro destino. No podemos escapar de él. Hemos de aceptarlo tal y como nos ha sido entregado —y besó a su hija en la frente. Un beso ligero, cálido, amable, que quedó grabado en los recuerdos de aquella niña.
            ¿Por qué había mencionado su madre ese destino inexorable que las atrapaba? En un instante, la mente de Laura entró en un estado de confusión absoluto. No podía preguntarle a su madre, había muerto unos años atrás. Y su padre murió cuando era ella pequeña, aquejado de una extraña enfermedad, según le habían contado.
            Laura sacó una foto del anillo con el móvil y la colgó en internet, para ver si alguien le podía ayudar a encontrar la procedencia del mismo. No tuvo que esperar demasiado. Simplemente visitó un par de foros y rápidamente encontró fotografías de un anillo tan similar al suyo que hubiera jurado que eran el mismo objeto. ¿Cómo era posible que alguien tuviera fotografías de su anillo? Su madre había dicho que era un recuerdo familiar y que lo habían ido pasando las mujeres de la familia a lo largo del tiempo. Pero entonces ¿cuál era la explicación?
            Leyó los comentarios que se iban sucediendo en los foros. Se quedó petrificada, no podía ser cierto: se trataba del anillo de Lucrecia Borgia, la aristócrata medieval que arrastraba tan macabra leyenda.

viernes, 1 de febrero de 2013

EL OTRO LADO (X) Y PROGRESO DE MOLOBO

   BUENOS VIERNES
   ESTA SEMANA NUESTRO RELATO HA AVANZADO CON UN POCO DE DIFICULTAD A CAUSA DE LA CORRECCIÓN DE MOLOBO, QUE YA SE HA PUESTO EN MARCHA. PERO A PESAR DE TODO AQUÍ ESTAMOS DE NUEVO, PUNTUALES, PARA SEGUIR LA MARCHA DE ESTA HISTORIA A TRAVÉS DE UN OSCURO PASADO QUE AÚN NO HA SIDO DESVELADO.
   QUE LO DISFRUTÉIS.
 
El sargento Martínez era un hombre de corta estatura, más bien rechoncho. Lucía un mostacho a la antigua usanza y su oronda figura estaba coronada por una mata de pelo que ya empezaba a ralear. Laura se entretuvo examinando estos detalles mientras permanecía sentada en una silla al otro lado de la mesa, en un pequeño y mal ventilado cuartucho de la comisaría.
            —Y dice usted que no sabe quién puede haber sido el que ha envenenado a su marido.
            —Así es. Jon no tiene enemigos, ni acreedores, ni nadie que pueda desear su muerte. Que yo sepa.
            —Que usted sepa. No se ofenda por la pregunta, comprenda que he de hacerla ¿si su marido tuviese alguna afición, digamos oculta, usted estaría al tanto? Me refiero a juego, drogas, ya sabe…
            Laura estuvo a punto de soltar un exabrupto, pero inmediatamente cerró la boca, comprendiendo que en muchos casos eso era cierto. Personas que ignoran lo que sus parejas hacen cuando no están en casa.
            —Estoy segura de que no. No lo digo sin pensar, créame. Jon no suele llegar tarde a casa, ni salir a deshoras o sin mí. Y cuando necesito algo de él le puedo localizar en el trabajo. Quiero decir que es muy improbable que tenga una doble vida. Eso requiere tiempo, sargento.
            —Por supuesto. De todas formas, me gustaría que hiciese un esfuerzo en recordar si en algún momento alguien le ha amenazado, aunque solo fuese algo circunstancial, como una discusión de tráfico. Algo así, pasó en un momento y ya está. Quizás toparon ustedes con algún maníaco sin saberlo.
            Laura estaba empezando a ponerse nerviosa. Se retorcía los dedos de las manos compulsivamente, sin darse cuenta. Al sargento Martínez el gesto no le pasó inadvertido. A pesar de su apariencia despistada y de su físico descuidado, era un sabueso de la cabeza a los pies. Tampoco dejó de ver el peculiar objeto que aquella mujer portaba en el dedo.
            —No sé, ahora mismo no alcanzo a pensar en nadie en concreto o en alguna situación específica. Lo siento.
            —No se preocupe. Si recuerda algo, ya sabe dónde encontrarme. Cualquier dato, aunque a usted le parezca nimio, podría resultar de gran relevancia. No lo olvide. Por cierto, permítame elogiar ese exótico anillo que lleva usted. Jamás había visto algo semejante. Y puede usted afirmar que visto montones de cosas rarísimas.
            Laura bajó la mirada y reparó en lo que había estado haciendo. Se soltó las manos inmediatamente.
            —Oh sí. Es un recuerdo de familia.
            —Parece muy antiguo. Nada de hojalata barata comprada en un “todo a un euro”.
            —No, no. La verdad es que no sé de qué época data. Mi madre lo recibió de su abuela. Por lo que sé, se remonta varias generaciones atrás en mi familia, pero no puedo precisarle cuánto. ¿Lo pregunta por algo en concreto?
            —En absoluto. Simplemente me llamó la atención. Bien, por el momento no necesito nada más. Puede usted marcharse si lo desea. Recuerde lo que le he dicho: cualquier detalle que le venga a la memoria háganoslo saber.
            —Lo haré, descuide —Laura salió por la puerta, intrigada. Nunca había dado gran importancia al anillo, pero la observación del policía había despertado varios interrogantes en su cabeza.

viernes, 25 de enero de 2013

EL OTRO LADO (IX)

   BUENOS VIERNES A TODOS
   ESTE VIERNES NO HAY NOVEDADES POR NINGUNA PARTE, NI BUENAS NI MALAS, ASÍ QUE SIMPLEMENTE VAMOS A POR NUESTRO PEDACITO DEL RELATO QUE ACTUALMENTE TENEMOS ENTRE MANOS. LA SEMANA PRÓXIMA SEGURO HABRÁ NOTICIAS, QUIZÁS NO MUY BUENAS, YA OS CONTARÉ.
   HASTA PRONTO


—¿Cómo se entiende no y sí a la vez? ¿Se le dijeron o no?

            —Sí, sí, lo dijeron. Pero eso es lo chocante. Esa variedad de cicuta ya no existe. Quiero decir que la especie de la planta de la que se extrae el veneno se considera extinguida en la actualidad.

            Laura no podía dar crédito a sus oídos. Todo aquel galimatías se estaba enmarañando en su cerebro y ya no sabía muy bien qué era lo que el doctor trataba de decirle.

            —Un momento, doctor, que ya no sé muy bien de lo que estamos hablando. Si la planta no existe ¿de dónde ha salido el veneno? No lo entiendo de veras. Me tengo por una mujer culta, pero ahora mismo ya dudo de mis capacidades, lo siento.

            —El problema no es suyo, de veras. Tras varias conjeturas, hemos concluido que el veneno proviene de… otra época. Su uso era bastante común en la Edad Media. Se menciona en bastantes tratados, así como su modo de obtención, pero la variedad de planta que la originaba dejó de encontrarse hace más de trescientos años. Los historiadores lo achacan a la sobreexplotación o quizás a que dicha variedad se obtuvo mediante cría y las personas que se dedicaban a ello abandonaron la práctica y entonces el vegetal desapareció. La persona que ha envenenado a su marido, y hasta el momento la policía no descarta que sea accidental debido a las extrañas características del caso, ha debido conseguir la ponzoña a través de alguien que lo ha conservado generación tras generación. O quizás lo encontró por accidente. De alguna manera había logrado trascender a los siglos. No me pregunte cómo porque yo estoy tan perplejo como usted. Aquí tiene —le tendió un pequeño trozo de papel en el que había garabateado unos números y un nombre—. Este es el nombre y el teléfono del sargento de policía que lleva el caso. Le ruego que se ponga en contacto con él. Y esté tranquila, su marido no morirá. Al menos mientras no se acerque a quien no le quiere bien.

viernes, 18 de enero de 2013

EL OTRO LADO (VIII) Y NOTICIAS SOBRE MOLOBO!!

   BUENOS VIERNES
   ADEMÁS DEL CORRESPONDIENTE CORTE DEL "EL OTRO LADO", ESTA SEMANA EMPIEZAN A LLEGAR LAS NOTICIAS. EN PRIMER LUGAR, HE TENIDO UNA PENOSA EXPERIENCIA EN UN FORO LLAMADO HISLIBRIS DE LA CUAL NO QUIERO HABLAR. ME HAN ACUSADO DE TRAMPOSO Y TODO, Y YO HE CONTESTADO POR SUPUESTO. HAY GENTE QUE SE CREE ALGO MUY BUENO PERO CUANDO ABRES EL ENVOLTORIO NO HAY NADA DENTRO.
   LO QUE SÍ NOS ATAÑE ES QUE TENGO UNA PROPUESTA DE PUBLICACIÓN DE "MOLOBO". ESTOY VALORÁNDOLA Y HASTA DENTRO DE UNAS SEMANAS NO SABRÉ NADA DEFINITIVO PERO YA OS IRÉ CONTANDO. ESPERARÉ A TENERLO BIEN CLARO.
   HASTA PRONTO...
 
La iluminación aséptica del pasillo del hospital indujo en Laura una sensación de irrealidad. No era mucho lo que había tardado en acudir tras escuchar el mensaje grabado en el contestador. Apenas se había detenido a desayunar, se había vestido y había salido de casa a toda velocidad. El doctor la hizo entrar en un pequeño despacho. Este detalle no pasó desapercibido para ella. Los médicos suelen informar a los familiares en el pasillo ¿por qué aquella formalidad? ¿qué ocurría para que el doctor la llevase aparte para informarla acerca del estado de salud de su marido?
            —Dígame doctor. Sea claro, por favor, estoy en ascuas.
            —Lo comprendo. Intentaré ir directo al grano. Desde que su marido ingresó, le hemos practicado diversas pruebas. En principio nos pareció una afección cardiaca, pero fuimos descartando diversas hipótesis a medida que las pruebas daban negativo. El problema que se nos ha planteado es el siguiente: los síntomas que Jon presentaba eran extraños, los análisis de sangre eran correctos y sin embargo la tensión sufría caídas repentinas y el ritmo del corazón se desacompasaba durante estos episodios. Lo siguiente que nos pareció posible fue la ingesta o consumo de drogas, pero de nuevo los controles demostraron que no estábamos en lo cierto. Consulté con un colega de Toxicología y él sugirió una posibilidad que no se nos había pasado por mente…
            —Por favor, doctor, concrete.
            —Bien, su marido ha sido envenenado.
            La expresión de puro asombro de Laura hizo pensar al doctor que se había equivocado en sus sospechas. «O es una buenísima actriz», pensó para su adentros. Ella no dio la más mínima señal de conocer el hecho.
            —¿Envenenado? ¿Quiere decir que ha comido algo en mal estado o que le han envenenado a propósito?
            —No ha comido nada en mal estado. Ha sido adrede. Hemos detectado en su organismo una traza de una variedad de cicuta. Como comprenderá, esa sustancia no proviene de un alimento en mal estado.
            —¿Cicuta? Eso me suena a tragedia griega, doctor. No me puedo imaginar cómo es posible que… —una lucecilla se encendió en algún rincón oscuro de la mente de Laura, y se quedó mirando al doctor, incrédula—. No estará pensando que yo… ¡No puedo creerlo! ¡Han pensado que yo soy la asesina de mi marido! ¡De mi propio marido! Mire doctor, si usted me garantiza todo lo que está diciendo yo seré la primera en ir a denunciarlo a la policía. No tengo nada que ocultar, créame. Si alguien ha envenenado a Jon, hay que descubrirlo. Quizás esté en juego la vida de otras personas.
            El médico le hizo un gesto con la mano para que se calmara, y empezó a hablar con voz tranquila. No podía permitir que aquella situación se le fuera de las manos. Ella no lo sabía, pero la policía ya había sido informada. Los casos de envenenamiento criminal eran muy delicados, y todo llevaba un protocolo muy extraño, sobre todo cuando las circunstancias eran tan especiales como en este caso.
            —Cálmese, Laura, todo a su tiempo. En primer lugar ha de saber que Jon se encuentra bien, hemos conseguido estabilizarle en cuanto la causa de su mal ha salido a flote. En segundo lugar, he de informarle acerca de un detalle que hace que el envenenamiento de su marido sea… único, por así decirlo.
            —¿Único? Ahora sí que me he perdido. Explíquese.
            —La cicuta es un veneno muy raro en la actualidad, no sé si lo sabe. La química nos ha proporcionado cientos de sustancias que matan en cuestión de segundos. La cicuta proviene de una planta y requiere un largo y a veces complicado proceso de preparación, no es tan fácil como ir a la farmacia a comprarlo o intentar encontrarlo en el mercado negro. De hecho, es prácticamente imposible hallarlo de forma comercial. Nadie se entretiene en su elaboración. En la antigüedad lo elaboraban las brujas y los curanderos, pero esta práctica ha sido abandonada.
            —¿Y entonces, de dónde puede haber salido la cicuta? Cada vez estoy más intrigada. Eso sin contar con el hecho de que no pudo imaginar que nadie quiera envenenar a Jon. Que yo sepa, no tiene enemigos ni se lleva mal con nadie. Si le conociera, lo comprendería. Y además, llevarse mal con una persona es una cosa, y asesinarla es otra.
            —Está claro. Pero aún no he terminado. Las peculiaridades del asunto no terminan aquí. Enviamos las muestras al laboratorio y a la policía para ver si podían aportar más información acerca del origen del veneno.
            —¿Y? ¿Les dijeron de dónde proviene?
            —No y sí.

viernes, 11 de enero de 2013

EL OTRO LADO (VII)

   BUENAS A TODOS:
   ¿YA RECUPERADOS DEL TRASIEGO NAVIDEÑO? ESPERO QUE SÍ.
   MIENTRAS TODO SE PONE EN MARCHA DE NUEVO, ESTA SEMANA OS DEJO UN PEDAZO UN POCO MÁS GRANDE DE "EL OTRO LADO". ESPERO QUE LAS HISTORIA OS ESTÉ GUSTANDO.
   HASATA PRONTO  ;)
 
El insistente timbre del teléfono tiró de ella bruscamente, obligándola a salir de entre la pesada bruma del sueño. Durante unos segundos sintió que todo giraba sin control en la habitación. Se hallaba tendida en su cama, pero no tenía conciencia de por qué estaba allí. Solo sabía que el teléfono no dejaba de sonar y que sus miembros se negaban a ponerse en marcha para descolgar el auricular y librarse del maldito sonido que martilleaba en sus oídos, haciendo palpitar sus sienes.
            Quien fuera se dio por vencido y dejó de insistir. Laura, aturdida, seguía inmóvil sobre el edredón de su cama, luchando por volver a asomar la cabeza sobre la superficie de la normalidad. Sintió un ligero espasmo y por fin pudo ponerse en movimiento. La cabeza amenazaba son estallar de un momento a otro, no podía recordar cuándo se había acostado ni nada de lo ocurrido justo antes.
            Miró el despertador digital que reposaba sobre la mesita de noche. Las tres de la madrugada. El viento azotaba las copas de los árboles en las calles, una lluvia insistente repicaba sobre las persianas, trayendo consigo un retazo de memoria: la tormenta.
            Con un esfuerzo ímprobo, Laura se puso en pie y de dirigió hacia el armario del cuarto de baño, en busca de un analgésico que desterrara aquel latido que no la dejaba pensar. Cuando fue a abrir la puerta del armario vio su propio rostro reflejado en el espejo y no se reconoció. Aquella mujer de rostro pálido y demacrado, de cabello desordenado y revuelto no podía ser ella. Los ojos estaban hundidos, rodeados por una aureola violácea. Los zombis de las películas de terror que tanto gustaban a Jon tenían mejor aspecto que ella, sin duda. Se puso una gragea sobre la lengua y tomó un sorbo de agua del grifo para tragarla. Dejando a un lado la llamada telefónica, decidió que lo más sensato era dormir unas horas más. Con la luz del día vería todo con más claridad.
            Cuando se estaba metiendo en la cama, una extraña sensación acudió a ella como una minúscula luciérnaga inoportuna. Permaneció unos instantes sentada, mirando al espejo. No podía precisar el motivo, pero la inquietud la invadió y tardó mucho en dormirse. Algo no encajaba en su sitio. Por fin su organismo asimiló el calmante y se quedó dormida.
            Despertó a las once de la mañana, pensando que el despertador no había cumplido con su trabajo. Ya iba a saltar de la cama como una posesa cuando cayó en la cuenta de que era sábado y por eso no había conectado la alarma.
            Mucho más tranquila que en medio de la noche, se acercó al gran espejo de pie. Dentro de ella se dispararon todas la alarmas, su pulso se aceleró y las manos comenzaron a sudar. Confundida, se acercó y comprobó que tenía mucho mejor aspecto que unas horas antes. Se echó a reír, en parte debido al estado cuasi histérico en el que se hallaba. «Tienes que tranquilizarte, querida», pensó, «por ti y por él. Nunca has sido una mujer que se rinde ante circunstancias adversas». Y entonces recordó la llamada de teléfono incontestada. Se acercó al aparato. Una lucecita roja brillaba intermitente. El texto en la pantalla aclaró lo que ya era obvio: “Un mensaje pendiente”. Levantó el auricular. Una voz masculina, provista del matiz neutro que caracteriza al que repite lo mismo como un hábito diario, le habló al oído.
            —Soy el doctor Aguirre. Venga lo antes posible. El estado de su marido ha empeorado. Es urgente.

viernes, 4 de enero de 2013

EL OTRO LADO (VI)

   BUENOS VIERNES!!
   A PUNTO ESTÁN DE LLEGAR LOS REYES MAGOS, ESPERO QUE HAYÁIS SIDO BUENOS ESTE AÑO, JEJE
   COMO NO HAY NOTICIAS SEÑALADAS ESTA SEMANA (LUEGO VENDRÁN TODAS JUNTAS Y SERÁN PÉSIMAS, PARA VARIAR), OS DEJO SIN MÁS CON EL TROCITO DE "EL OTRO LADO"
   HASTA PRONTO
 
La dama presente tras el cristal, pues su indumentaria no ofrecía duda alguna acerca de su alcurnia, no hizo movimiento alguno… al principio. Laura no podía creer lo que sus ojos presenciaban. En el espejo se reflejaba una mujer con un elegante vestido rojo, de corte medieval, al igual que su peinado, recogido en la parte alta de su cabeza y sujeto con una redecilla. La expresión de su rostro era altiva, incluso soberbia. Sus labios se veían fruncidos en un gesto que Laura interpretó como de reprobación, si bien no alcanzó a entender el porqué de dicha actitud. Permanecía de pie con las manos cruzadas por delante del brial carmesí que la cubría.
La habitación que albergaba a la dama del espejo no era la de Laura. Tal circunstancia la llevó a volverse de forma automática, sintiéndose transportada por un momento a otra época y a otro lugar. Superada la indecisión, su primer impulso fue acercarse a tocar la pulida luna que la separaba de aquella curiosa aparición, si es que podía tildarla de aquella manera. Se miró a sí misma, en camisón y despeinada, y no pudo evitar comparar su presencia con la apariencia majestuosa de aquella mujer que la observaba, inverosímil, desde el otro lado de aquel espejo.
—No puede ser —murmuró mientras se frotaba los ojos con el revés de la mano—, me estoy volviendo loca.
No, querida, tus ojos no te engañan. Realmente estoy aquí. La voz no sonó físicamente en el dormitorio de Laura, no se transmitió a través del aire como hacen todos los sonidos. El eco se produjo dentro de su mente, con una claridad indiscutible. Laura tuvo que pestañear un par de veces antes de que las palabras saliesen por su boca.
—Es imposible. Esto tiene que ser un sueño.
Estás en lo cierto. Pero aquí estoy. Las reglas del universo que tú conoces no son válidas aquí. Muy dentro de ti, conocías mi existencia. Por eso compraste el espejo. Por eso te llamó la atención cuando lo viste en aquella tienda. Te estaba esperando. Hace mucho tiempo. Pero ahora, por fin, ya estamos juntas. Como debe ser.
Laura sintió que el débil nexo que aún la ataba a la realidad comenzaba a romperse. Una lágrima luchó por desbordarse y al final logró precipitarse por su mejila. Entonces se desmayó.

viernes, 28 de diciembre de 2012

EL OTRO LADO(V) Y UNA NOTICIA CONFIRMADA

   HOLA A TODOS
   EN CIERNES YA DEL NUEVO AÑO, OS CONFIRMO LO QUE YA OS ADELANTÉ. DEL TALLER "NAVIDADES A MÍ" SE EDITARÁ UN EBOOK CON DIEZ RELATOS NAVIDEÑOS DE UN CORTE UN POCO "ESPECIAL". ENTRE ELLOS SE ENCONTRARÁ UNO CORTITO DEL MENDA, TITULADO "LA DUDA". CUANDO LO TENGA EN MI PODER, AQUELLOS QUE ESTÁIS EN MI LISTA DE CORREO LO TENDRÉIS DE FORMA GRATUITA.
   Y AHORA NOS DESPEDIMOS HASTA EL AÑO PRÓXIMO, QUE DESEO SEA MUY PRÓSPERO PARA TODOS VOSOTROS. AQUÍ OS DEJO UNA NUEVA ENTREGA DE "EL OTRO LADO".
     ¡¡FELIZ NOCHEVIEJA!!! NO OS ATRAGANTÉIS CON LAS UVAS...
 
Pensó que había escuchado algo abajo, quizás desde la cocina o el salón. Sus pies  se deslizaron sobre la tarima con lentos e imperceptibles pasos, hasta llegar a la parte superior de la escalera. En el exterior se había levantado un violento vendaval, que ululaba entre las ramas de los árboles preludiando la tormenta. El sonido en la planta baja no se había repetido, pero Laura temblaba de pies a cabeza. Se había dejado el móvil sobre la mesa de centro del salón y no podía telefonear a nadie. Se asomó ligeramente sobre la barandilla. No se veía nada anormal. La ventana del salón se encontraba abierta y las cortinas volaban con furia, como queriendo escapar de sus anillas. Sigilosamente, bajo los escalones hasta llegar al pie de la escalera.
            En su interior maldijo su costumbre innata de alarmarse por cualquier cosa. Allí no había nadie. El viento y su imaginación le habían jugado una mala pasada. Se acercó a la ventana y la cerró. Ella no se dio cuenta, pero no la dejó bien encajada.
            Se dirigió a la cocina para beber un poco de agua. El corazón seguía latiendo como una locomotora dentro de su pecho, así que se sentó para recuperar la calma. Se estaba comportando como una estúpida, pensó. Durante bastantes años había vivido sola y jamás había sufrido ese tipo de terrores. Era una mujer adulta e independiente, su carácter no era en absoluto timorato.
            Más tranquila, se dirigió de nuevo hacia las escaleras y a punto estaba de subir el primer escalón cuando un estruendo a sus espaldas, mezclado con el estallido de cristales rotos, la dejó sin respiración y congeló la sangre en sus venas. Se volvió como una tigresa, solo para comprobar que la ventana mal cerrada se había abierto de golpe y el panel de cristal había saltado en mil pedazos. Se acercó a cerrarla, pero a pesar del cuidado que puso no pudo evitar una punzada en el talón derecho.
            Tras cerrar ventana y persiana, fue al baño a curarse. Soltando improperios para sus adentros, volvió a su habitación y se calzó unas zapatillas de estar en casa.
            Cuando se giró y quedó frente al espejo, allí estaba ella. No era su imagen reflejada, el rostro y el cuerpo que Laura vio en el espejo correspondían a otra mujer.

viernes, 21 de diciembre de 2012

EL OTRO LADO (IV)

   BUENAS NOCHES A TODOS:
   SEMANA QUE PRECEDE A LAS NAVIDADES, ANSIADAS POR UNOS Y ODIADAS POR OTROS, PERO QUE NO DEJAN DE SER UN REFERENTE EN EL TRANSCURSO DE UN AÑO. UN AÑO QUE SE VA CON MÁS SINSABORES QUE ALEGRÍAS, PERO SI NO SOMOS CAPACES DE CONFIAR EN EL FUTURO ¿QUÉ PINTAMOS AQUÍ?
   OS DEJO UNA ENTREGA MÁS DE "EL OTRO LADO". ESPERO QUE OS GUSTE ESTE RLATO DE INTRIGA CON SORPRESA FINAL.
   Y, HABLANDO DE SORPRESAS, PARA DESPUÉS DE REYES OS TENGO PREPARADA UNA, UN EBOOK DE CUENTOS NAVIDEÑOS CON UN TOQUE "ESPECIAL". HASTA ES POSIBLE QUE HAYA UN RELATO DEL MENDA INCLUIDO EN ÉL. A TODOS LOS QUE ESTÁIS EN MI LISTA DE CORREO OS ENVIARÉ UN EJEMPLAR GRATUITO. CONTIENE BUENOS RELATOS, GRACIOSOS UNOS, OCURRENTES TODOS ELLOS.
   YA OS LO TERMINARÉ DE CONTAR EN SU MOMENTO.
   MIENTRAS TANTO, OS DEJO CON LAS ANDANZAS DE LAURA.
 
Apenas había transcurrido un año desde la boda, cuando Jon comenzó a sentirse mal. Primero perdió el apetito, si bien hacía enormes esfuerzos por ingerir algo de alimento a instancias de Laura. Luego vinieron las náuseas, y finalmente los espasmos y la fiebre.
            Un día simplemente no se pudo levantar por la mañana. En su estado febril, no opuso mucha resistencia cuando Laura le llevó a urgencias. Tras varias pruebas, los médicos descartaron la anemia u otras afecciones peores. Cuando el doctor que se encontraba de guardia salió a hablar con ella, Laura estaba hecha un manojo de nervios. Llevaba varias horas esperando en la sala.
            —¿Qué le ocurre, doctor? Era un hombre sano y recio hasta hace poco tiempo, y sin embargo ahora… temo que algo grave le esté ocurriendo.
            —No sabemos qué puede ser —respondió el médico—, pero yo le diría que esté tranquila. Hemos descartado todas las grandes enfermedades que son comunes. Es posible que su esposo se vea afectado por algún virus desconocido, pero aún es demasiado pronto y no nos atrevemos a lanzar hipótesis sin el necesario sustento. Le tendremos en observación unos días. Mientras tanto, le hemos suministrado un sedante y un antipirético para que pueda descansar.
            —¿Puedo pasar a verle?
            —Solo un rato. Le vamos a mantener lo más aislado posible, no sabemos si se trata de algo contagioso. En su lugar yo me iría a casa, aquí tampoco puede estar con él.
            Laura se retorcía los dedos compulsivamente, angustiada.
            —Si empeora ¿me avisarán? Le dejo mi número de teléfono —aseveró mientras garabateaba sobre un trozo de papel que había sacado del bolso.
            —Por supuesto. No se preocupe. Si se estabiliza, en un par de días le trasladaremos a una habitación en planta, siempre y cuando supere las pruebas oportunas y podamos estar seguros de que no existe riesgo de contagio. Vuelva mañana y le informaremos de su evolución.
            Al llegar a casa, no se encontraba precisamente relajada. Había dejado a Jon dormido a fuerza de calmantes, pero su aspecto demacrado y su tez amarillenta habían provocado en ella una enorme inquietud.
            Se dio un largo baño de sales para intentar relajarse. Cuando se secó y se dirigió al dormitorio, se sentía ligeramente mejor. Se puso la ropa interior y un camisón y conectó el secador.
            Mientras se secaba el cabello, le pareció escuchar un ruido. Apagó el aparato y permaneció unos segundos escuchando, pero no oyó nada.
            —Debo estar sufriendo alucinaciones —murmuró para sí misma, y prosiguió con lo que estaba haciendo.
            Entonces le invadió la sensación de que no estaba sola. Sin saber porqué, notaba una presencia cercana. Era como si el aire de la habitación se hubiera vuelto pesado. Tuvo la impresión de que las partículas de polvo que siempre flotan en la atmósfera se habían detenido súbitamente.
            Dejando a un lado el secador, se levantó con la intención de inspeccionar la casa. Su mente barajaba ideas disparatadas, quizás había entrado un ladrón y no  lo había oído por el ruido. Buscó algo con lo que pudiera defenderse, pero no divisó nada contundente. Si le hubiera pillado en la cocina para armarse con un cuchillo… Al final, tomó un zapato con tacón de aguja. Pensó que bien clavado en un oído o en un ojo serviría igualmente.
            Descalza para no hacer el más mínimo sonido, se dirigió hacia la puerta de la habitación.

viernes, 14 de diciembre de 2012

CRUCE DE CAMINOS

   HOLA!!!
   ESTA SEMANA VAMOS A DEJAR DESCANSAR A LAURA Y JON (SOLO ESTA SEMANA ¿EH?) Y OS VOY A TRAER UN MICRORRELATO QUE ENVIÉ AL CONCURSO "ENTRELÍNEAS", ORGANIZADO POR METRO DE MADRID Y ESCUELA DE ESCRITORES.
   NO HA GANADO, NI SIQUIERA HA SIDO FINALISTA, PERO ES CURIOSO Y QUERÍA QUE LO VIÉSEIS. SE TRATABA DE, EN UN MÁXIMO DE 100 PALABRAS, ESCRIBIR UNA HISTORIA RELACIONADA CON EL METRO DE MADRID.
   PARA LOS QUE NO SOIS DE MADRID, OS CUENTO. ES LA HISTORIA DE DON QUIJOTE A TRAVÉS DE LAS DISTINTAS ESTACIONES: LUCERO, PUERTA DEL ÁNGEL, MAR DE CIRSTAL Y ESTRELLA. ESTA ÚLTIMA SE ENCUENTRA EN UNA LÍNEA DE METRO QUE EN EL PLANO ES DE COLOR VIOLETA. SI MIRÁIS EL PLANO DEL METRO DE MADRID, ENTENDERÉIS MEJOR LA HISTORIA.
   ESPERO QUE OS GUSTE. AQUÍ ESTÁ..
   HASTA PRONTO.
 
CRUCE DE CAMINOS
 Parecióle a Don Lucero imposible aquella encomienda, más no dudó en cabalgar sobre su alado corcel en pos de su sueño.
                Escrito estaba en el firmamento. Sus destinos habían de encontrarse. Tras atravesar la Puerta del Ángel, quedó extraviado entre miles de facetados destellos sobre el Mar de Cristal. Sofocado por la angustia, levantó el caballero la mirada y avistó un cruce de caminos.
                En llegándose a él, divisó en la lejanía, al final de una línea violeta, lo que tanto ansiaba.
                Voló raudo, sin descanso, hasta llegar a su dama.
Su amada Estrella.

viernes, 7 de diciembre de 2012

EL OTRO LADO (III)

   BUENAS TARDES A TODOS:
   ESTA SEMANA HA FALLADO ALGÚN CONCURSO EN EL QUE NO HE ENTRADO, PERO SIGO ADELANTE CON OTROS PROYECTOS QUE ME MANTIENEN OCUPADO Y DE LOS QUE IRÉIS RECIBIENDO CUMPLIDA INFORMACIÓN.
   SI QUE QUIERO DESTACAR LA PRESENCIA DE NUEVOS AMIGOS POR AQUÍ: ANA MORÁN, FRANK SPOILER, TERE ARDIZ E ISABELLE LEBAIS. TODOS HAN LLEGADO A TRAVÉS DE UNA PUBLICACIÓN QUE HIZO EN FACEBOOK RICARDO CORAZÓN DE LEÓN (MUCHAS GRACIAS AMIGO). SED TODOS BIENVENIDOS, AQUÍ HAY SITIO PARA TODO EL QUE SE SIENTA CÓMODO LEYENDO Y COMPARTIENDO IMPRESIONES, PARA ESO ESTAMOS. 
   PERDÓN POR EL TOSTÓN, YA OS DEJO CON LA TERCERA ENTREGA DE "EL OTRO LADO"
 
Al abrirse la puerta, Jon se quedó sin aliento. Ya la había visto bien arreglada y maquillada en anteriores ocasiones, pero le costaba creer que la mujer que le abrió la puerta era su Laura. No acertaba a explicarse dónde había estado oculta hasta aquel momento aquella belleza deslumbradora que tenía ante sí.
            Reaccionó y se adelantó para besarla al tiempo que pasaba una mano por detrás de su cintura, acariciando la suave curva de sus nalgas. Sin embargo, ella no respondió como de costumbre a sus caricias, ni tampoco le devolvió el beso con la pasión acostumbrada. Jon se extrañó, pero decidió pasarlo por alto.
            —¡Hola, amor! ¿Ya estás lista? Vamos con el tiempo justo. No te había visto ese vestido antes. Vas a ser el centro de atención en el restaurante. Jamás había contemplado una mujer tan bella. Y menos aún la había tenido entre mis brazos —guiñó un ojo, palmeando ligeramente el trasero de ella.
            Si Laura captó el chiste, no mostró evidencia alguna de ello.
            —Dame cinco minutos, necesito unos retoques. En seguida estoy contigo.
            Él no acertó a comprender cuáles eran los retoques que necesitaba, pero las mujeres siempre necesitaban un último retoque, así que sentó pacientemente en el sofá a esperar.
            Cuando la vio bajar por las escaleras, ni la mismísima Cleopatra la hubiera igualado. La que descendía los peldaños era una auténtica diosa. El ceñido vestido carmesí venía enmarcado por unos zapatos con tacón de aguja de un suave color crema y un chal de muselina del mismo color, acompañado por un pequeño bolso de mano a juego. El moreno cabello estaba recogido en un moño alto y el maquillaje realzaba sus facciones mediterráneas deliciosamente. Por un momento Jon se sintió insignificante al lado de aquel prodigio de la naturaleza. Un único detalle desentonaba con el conjunto: ni siquiera el maquillaje podía esconder la intensa palidez de Laura. Jon salió de aquella ensoñación bruscamente. Aquella no podía ser su novia, no la reconocía. Algo anormal estaba ocurriendo. Se puso en pie en el mismo instante en que ella llegaba al último escalón.
            —¿Te encuentras bien, cari? —siempre la llamaba así—. Te veo un poco… no sé cómo explicarlo… desmejorada. «Distante. Esa es la palabra. Como si tuviera la mente en otra parte» pensó Jon, mirándola de arriba abajo.
            —Por supuesto que estoy bien, qué tonterías dices —respondió ella, y un instante después el rictus que Jon viera había desaparecido de su rostro, dejando en un lugar una tierna sonrisa—. Anda, vamos a disfrutar de esa romántica velada —dijo mientras le colocaba la pajarita y le devolvía el cachete en el culo—. Intuyo que va  a ser muy especial.
            Laura estaba en lo cierto. La cena fue inolvidable, anillo incluido. Y el postre también.

viernes, 30 de noviembre de 2012

EL OTRO LADO (II)

   BUENOS VIERNES A TODOS
   SEMANA TRANQUILA DESPUÉS DE LA RESACA DE LA ANTERIOR, DEDICADO A MIS LABORES LITERARIAS (Y AL RESTO, QUE NO ES MOCO DE PAVO).
   AQUÍ TENÉIS UNA SEGUNDA ENTREGA DE ESTE RELATO DE MISTERIO... "EL OTRO LADO". ¿EL OTRO LADO DE QUÉ? AL FINAL CADA UNO QUE SE SIRVA A SU GUSTO.
   BUENA SEMANA A TODOS
 
Tres días atrás, mientras recorría el mercadillo, había entrado en aquella oscura y polvorienta tienducha en medio de los puestos del mercadillo. En multitud de ocasiones había pasado por delante de ella, pero no se le había ocurrido ni de lejos pasar a fisgonear en su interior. El escaparate tampoco invitaba a la aventura, era una minúscula tienda de antigüedades con aspecto de estar abandonada. Sin embargo, ese día algo la impulso a traspasar el umbral de la desvencijada puerta. Un sonido de campanillas anunció su presencia en el estrecho local, tan atestado de trastos que apenas podía moverse entre ellos. Un  anciana apareció por una puerta que Laura supuso debía dar a la trastienda y le dirigió una afable mirada por encima de unas obsoletas gafas de gruesa montura.
            —¿Puedo ayudarla en algo? —la mujer esbozó una leve sonrisa.
            —En realidad solo quería echar un vistazo, vivo cerca y, a pesar de haber pasado por delante del escaparte mil veces, nunca había entrado. No le importa ¿verdad?
            —En absoluto, joven. Si desea algo, estaré en la parte de atrás.
            «Aún hay personas confiadas, a pesar de los tiempos que corren», pensaba Laura mientras examinaba la más dispar colección de objetos que jamás hubiera imaginado que podían estar juntos en una sola tienda: sillas con un tapizado que sugería la corte francesa de Luis XVI descansaban junto a una vieja máquina de coser, una pequeña jarra  de loza junto a un aguamanil descascarillado, un banco de madera adornado con un paño obviamente tejido a mano con unos motivos geométricos simplemente horribles… y entonces lo vio.
            En aquel momento tuvo la sensación de haber sentido un hormigueo en la mano, más concretamente en el dedo en el cual lucía aquel singular anillo. Cuando llegó a casa, el sentido común le hizo pensar que no había sido más que una ilusión causada por la agobiante atmósfera de la tienda. Lo cierto es que al tener frente a sí el espejo experimentó una especie de interferencia visual como las que produce el calor sobre el asfalto en los más achicharrantes días del verano.
            Se trataba de un objeto de apariencia muy antigua. El marco metálico estaba adornado con volutas y motivos vegetales sobre un material que aparentaba ser bronce. Dio un paso y tendió su mano para acariciarlo. Al entrar en contacto, la sensación de hormigueo se intensificó y la cabeza comenzó a darle vueltas hasta el punto de que pensó que se iba a desplomar allí mismo. Sin embargo, el torbellino que asolaba su cabeza se disolvió tan repentinamente como había comenzado, dejándola sumida en un mar de dudas.
 Una vez recuperada del ligero vahído, supo que aquel espejo tenía que ser suyo. Era como si su imagen reflejada se lo estuviera diciendo desde lo más profundo de aquel enorme armatoste. Se dio la vuelta y casi tropezó con la anciana, que estaba de pie justo detrás de ella.
            —¿Le gusta? No es muy caro.
            Laura se quedó mirándola, confusa. No la había visto cuando se contemplaba a sí misma en el espejo. Estupefacta, volvió la vista de nuevo y, aliviada, contempló el reflejo de las dos sobre el cristal. «Te estás sugestionando, compañera», se reprendió mentalmente. No es más que un espejo en una destartalada tienda de barrio y esta anciana apenas si puede moverse.
            —Sí, me gusta. Si el precio es razonable, me lo quedo. Lo único que le pediría es que me lo guarde hasta por la tarde. Pasaré con mi novio a recogerlo, yo sola no puedo llevarlo a casa.
            —No hay problema, querida. Y respecto al precio le aseguro que le resultará de lo más conveniente —la extraña y ambivalente sonrisa seguía colgada en el rostro de la mujer como si hubiera quedado paralizada allí mucho tiempo atrás, otorgando un aire de inexpresiva cordialidad a su dueña.
            Laura sacudió la cabeza mientras pensaba que se estaba convirtiendo en una neurótica, pero cerró el trato y aquella tarde el espejo ya adornaba su dormitorio, dominando el espacio a pesar de ser un objeto discordante con la decoración que lo rodeaba.